El Gobierno de Washington sobre Venezuela: Rentabilidad y Nuevo Orden Mundial
Por Ricardo Gallego
I La Naturaleza del Gobierno: Rentabilidad sobre Consenso
El gobierno que plantea Trump sobre Venezuela es de rentabilidad económica y política. No es un gobierno basado en el consenso civil, ni en la democracia, mucho menos en la libertad. No viene a instalar una democracia liberal, valor que antaño llevara a EEUU a invadir, dar o patrocinar golpes de estado. Su objetivo es de rentabilidad. Gobernar Venezuela implica extraer y vender el petróleo y de ese modo mejorar su influencia geopolítica global para lograr beneficios concretos y tangibles. El actual gobierno venezolano debe, no solo permitir, sino también gestionar y administrar ese objetivo estratégico estadounidense. Las empresas estadounidenses se harán cargo del complejo petrolero y empezarán a bombear petróleo a las refinerías del Golfo. Para Trump, gobernar es obtener rentabilidad económica y política. Frente a estos principios de gobernabilidad, no hay lugar para Corina Machado quien representa a los valores de la democracia liberal global y a los intereses europeos. En este sentido, tampoco lo hay para el Reino Unido ni para la Unión Europea. De esta forma se consolida el polo de poder occidental en cabeza de EEUU dejando atrás a la alianza transatlántica.
II. La Captura de Petromaduro
La extracción de Maduro representa directamente la captura del complejo energético venezolano. El presidente, era el vértice de la decisión política de la administración del complejo petrolero, su remoción implica dejar vacío el campo de la decisión estratégica. Es decir, el cómo, el cuánto, a quien y a qué precio se comercializa el oro negro. Lo que le interesa a Washington es poder decidir libremente sobre la extracción y comercialización y refinamiento del petróleo. Y lo necesita con urgencia. Esta urgencia ha pasado desapercibida en la mayoría de los análisis. ¿Por qué tiene urgencia Trump en disponer del petróleo venezolano? Si hay urgencia es porque hay crisis.
III. El Fin del Petrodólar y la Crisis del Sistema de Posguerra
El detonante de la crisis actual no fue político, sino el fin de una estructura financiera que sostuvo al dólar durante medio siglo. El 9 de junio de 2024 marcó un hito histórico al vencer el pacto de 50 años entre EEUU y Arabia Saudita, mediante el cual el petróleo se transaccionaba exclusivamente en dólares a cambio de protección militar.
Al no renovarse este contrato, el Reino Saudí inició un proceso de autonomía estratégica, diversificando sus ventas a otras divisas como el euro, yen, yuan e incluso bitcoin. Este movimiento, sumado al ingreso de las potencias petroleras a los BRICS+ en enero de 2024, institucionalizó una plataforma financiera alternativa al dólar que si bien no lo suplanta, fue vista como una amenaza. Esto permitió a China e India, los mayores consumidores del mundo de petróleo pagar con su propia moneda o con petroyuan. De esta forma se iba erosionando el dólar como única moneda del mercado energético global. Ante esta situación, evaluada como estratégicamente desventajosa, Washington tuvo que buscar una solución, ya que los países petroleros de Medio Oriente no le respondían. El control de EEUU sobre los países petroleros se conoció como Mando a Distancia[1] y es a raíz de esa pérdida de poder, que no puede influir sobre los precios globales, es decir, perdió la hegemonía financiera sobre el sistema global energético. Esta situación es la que lleva a Trump a capturar el petróleo venezolano que representa la mayor reserva global comprobada. Esto le otorga la libertad de acción que había perdido frente a los países petroleros que imponían el precio de acuerdo a los intereses y la moneda de China. El desacople de China y la deschinización de la cadena de suministro estadounidense obligan en términos vitales a lograr su seguridad financiera y energética.
IV. Operatividad y Pragmatismo Transaccional
La urgencia de esta acción se explica por la necesidad de poseer su propio grifo masivo de crudo para recuperar la soberanía energética y financiera. A diferencia de injerencias anteriores de EEUU, con tropas sobre el terreno, colocando interventores como presidentes que le respondan ideológica y políticamente, ahora ha optado por un pragmatismo transaccional sobre la ideología, es decir, prioriza la rentabilidad sobre los valores.
Se permitió que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma la presidencia, manteniendo la estructura burocrática del chavismo bajo la supervisión del Secretario de Estado, Marco Rubio. Este último, será el encargado de regentear, que la administración y ejecución de la política venezolana sobre el complejo petrolero, se ejecute de acuerdo a los principios de rentabilidad económica y política, impulsados desde Washington. A su vez, se presiona a empresas como Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips para que financien la reconstrucción de la infraestructura a cambio de saldar deudas históricas de 13.000 millones de dólares por expropiación.
La operatividad no es únicamente administrativa en el territorio venezolano, también se persigue como objetivo un impacto al interior de los EEUU. El control de las mayores reservas probadas del mundo (303.000 millones de barriles) busca generar beneficios directos para la economía estadounidense:
* Industria: Las refinerías de la Costa del Golfo (Valero, Chevron) vuelven a operar con máxima eficiencia al procesar el crudo pesado venezolano, para el cual fueron diseñadas, reduciendo costos en diesel, gasolina, asfalto y demás derivados.
* Precios: El objetivo es inundar el mercado para desplomar los precios del barril a niveles de 50−55 USD, situación que si bien beneficiaría al consumidor estadounidense, plantea un riesgo de rentabilidad para la industria del shale oil en Texas.
* Logística Estratégica: Venezuela ofrece un nearshoring energético, con tiempos de navegación de solo 4 a 5 días, frente a los 40 días requeridos desde el Golfo Pérsico.
V. La Reconfiguración del Poder Global
La captura de Venezuela se encuentra en el ámbito de la redefinición del nuevo orden mundial y este se estructura sobre la tripolaridad.
EEUU desplaza a China como principal comprador de crudo venezolano, anulando los acuerdos de petróleo por deuda con Beijing que le permitía obtener muy bajo precio, generando una ventaja competitiva estratégica sobre EEUU. Sin posibilidad de seguir comercializando en esas condiciones, obliga a China a comprar energía a precios controlados por Occidente, es decir, por Washington. La anulación de los contratos es lo que se le exige al actual gobierno venezolano y de no hacerlo pagará consecuencias más severas que las que está afrontando Maduro. Al mismo tiempo, el gobierno venezolano debe permitir el ingreso de las empresas petroleras norteamericanas, para poner en marcha un plan de producción que inunde el mundo con petróleo. El objetivo es el desplome de los precios. Con precios bajos EEUU obtiene para su mercado interno combustible barato, baja la inflación y exporta su propio petróleo. Pero lo que también logra es desfinanciar a Rusia e Irán. Disponiendo de la mayor reserva mundial de petróleo, EEUU se convierte en una OPEP occidental paralela con capacidad de imponer precios de acuerdo a las necesidades geoestratégicas, adquiriendo de este modo la condición de uno de los polos de poder global. China es el mayor consumidor global de energía. Trump usará el petróleo como un arma para lograr ventajas estratégicas que impidan o contengan el avance chino. EEUU, China y Rusia constituyen el nuevo orden mundial.
VI. El Gran Reparto
La pasividad de Rusia y China nos lleva a sostener que hay un acuerdo tácito delineado en cumbres previas (como la de Alaska en 2025). La reacción de ambos países se limitó a convocar a una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU donde EEUU tiene derecho al veto. ¿Qué pretenden lograr con esa acción?. Tampoco tomaron represalias económica o diplomática que manifestara un espíritu de lucha indirecta. Este 5 de enero el Global Times, publicaba en su editorial, que la actual presidenta venezolana proponía y postulaba la cooperación con EEUU y resaltaba las declaraciones de Marco Rubio donde sostenía que EEUU no está en guerra con Venezuela. Todo ello, sin que el órgano del PCCh-ELP emitiera una sola critica o desacuerdo a la propuesta de cooperación cuando sabe de antemano que dejará de recibir petróleo barato y perderá los contratos de extracción. A simple vista tiene mucho que perder. La acción norteamericana de apropiación de Venezuela cuenta con la venia de Rusia y China. El acuerdo expresa el inicio de un nuevo orden mundial tripolar. El acuerdo es ventajoso para los tres: EEUU consolida su dominio en el Hemisferio Occidental y elimina la base operativa que Rusia e Irán utilizaban en el Caribe para evadir sanciones mediante la “flota en la sombra”[2]. Rusia se queda con el espacio que controla en Ucrania y China recupera Taiwán. En ningún caso habrá interferencias mutuas que impida lograr o demorar los objetivos geopolíticos.
VII. El Impacto en Argentina
La captura del petróleo venezolano genera una alta tensión competitiva para la argentina. Vaca Muerte tiene que afrontar tres amenazas directas como mínimo:
1. La Amenaza de los Precios Bajos
La mayor preocupación para Argentina es que la “inundación” de petróleo venezolano derrumbe el precio internacional (Brent), que es la referencia para Vaca Muerta. Analistas prevén que el barril podría caer a la zona de los US$ 50 – 55. Aunque Vaca Muerta es altamente competitiva y puede ser rentable con precios de hasta US$ 45 por barril, un escenario de precios bajos prolongado reduce drásticamente el flujo de caja de las empresas (como YPF) para reinvertir en nuevos pozos. Con menos ingresos por barril exportado, el ritmo de crecimiento de la formación neuquina podría desacelerarse justo cuando Argentina proyectaba un superávit energético de US$ 9.000 millones para 2026.
2. Competencia Directa por Mercados y Logística
Argentina y Venezuela compiten por ser el segundo mayor productor de Sudamérica después de Brasil. El crudo venezolano volverá a las refinerías de EEUU, desplazando a otros proveedores. Esto obliga a Argentina a buscar mercados más lejanos o competir en precio para colocar su producción excedente en un mundo sobreabastecido. Argentina llega a 2026 con hitos claves como el Oleoducto Vaca Muerta Sur y la ampliación de Oldelval, lo que elimina los cuellos de botella internos. Sin embargo, Venezuela tiene una infraestructura masiva (aunque deteriorada) que, una vez recuperada por empresas estadounidenses, ofrece una logística mucho más corta hacia los grandes centros de consumo.
3. El Dilema de la Inversión Extranjera
La administración Trump está presionando a las “Majors” estadounidenses para que prioricen la reconstrucción de Venezuela como condición para recuperar deudas. Esto podría desviar capitales que originalmente estaban destinados a ampliar proyectos en Vaca Muerta.
VIII. Conclusión Metafórica
Venezuela no es considerada una nación soberana por Washington, sino un activo estratégico indispensable para recuperar la hegemonía del dólar y dictar las reglas del mercado energético frente a un Medio Oriente que ha buscado su autonomía.
El sistema financiero global era un gran edificio donde Estados Unidos era el dueño del terreno y del suministro eléctrico. Cuando los inquilinos (Medio Oriente) decidieron instalar sus propios generadores solares (BRICS+/petroyuán) para no pagar la renta, el dueño decidió tomar el control total de la única represa de agua del vecindario (Venezuela). Ahora, aunque los inquilinos tengan luz propia, deben volver a negociar con el dueño si no quieren morir de sed.
(Artículo publicado en pensamientoestrategico.com.ar)