jueves 25 de julio de 2024
Editorial

¿Condenados a un papel periférico y secundario?

Cuando ya se acerca el segundo semestre, las estadísticas vinculadas a la actividad industrial indican que el derrumbe no se detiene. En abril la caída fue del 14,2 por ciento interanual según la información de la Unión Industrial Argentina, y los números preliminares de mayo confirman que continúa.

El informe difundido a principios de esta semana por la UIA indica que casi todos los sectores se ven afectados y que muchas empresas están en serios problemas en cuanto a su continuidad. En los últimos meses se produjeron alrededor de 15.000 despidos. Si bien se registró un alza en los niveles de producción respecto de marzo, desde la propia entidad empresarial aclararon que eso se debió a la mayor cantidad de días hábiles y la solución de algunos problemas vinculados a las importaciones de insumos.

La persistencia de la crisis industrial empieza a resquebrajar el apoyo de la UIA al gobierno nacional asumido en diciembre pasado. Fue una de las pocas entidades empresariales que apoyó orgánicamente el Decreto de Necesidad y Urgencia 70/23, particularmente por las reformas en materia de flexibilización laboral que contiene, aunque la Justicia rápidamente suspendió la vigencia de ese apartado. También la Unión Industrial de Catamarca, o al menos su conducción, mostró su apoyo al gobierno libertario. Carlos Muia, titular de la entidad, señaló en diciembre que “tendremos un 2024 espectacular”. Cuando ya está a punto de promediar el año, semejante muestra de optimismo no se condice con la realidad de la economía argentina. Mucho menos con la realidad de la industria, tal vez el sector más perjudicado por el programa económico puesto en marcha hace seis meses.

Del apoyo inicial, la UIA pasó a un acompañamiento crítico. Cuestionó, por ejemplo, la apertura dispuesta por el gobierno nacional de importación de productos básicos terminados, medida sobre la que se pronunció diciendo que “afecta seriamente la competitividad de las empresas que operan, producen y emplean en el país”.

En el caso de la pymes industriales, la posición contraria al programa económico del gobierno ya es absolutamente hegemónica.

La apertura de importaciones es apenas una de las causas de los problemas de la industria nacional. La caída abrupta del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores en actividad y los haberes jubilatorios es la principal en la baja de las ventas y por ende de la producción nacional. La suba, también pronunciada, de las tarifas de energía eléctrica, agua y gas natural, es a su vez causa de una disminución de la rentabilidad de las empresas del sector.

La reprimarización de la economía favorece solo a algunos sectores, vinculados al sector agropecuario o al extractivismo, pero el país necesita de la industria para un desarrollo sostenible. Una nación con escaso desarrollo industrial solo puede jugar un papel secundario y periférico en el contexto global, como la historia argentina lo enseña con meridiana claridad.

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