CARA Y CRUZ

La frontera virósica

miércoles, 12 de mayo de 2021 · 01:10

Fue Daniel Godoy, director del hospital monovalente Carlos Malbrán, quien estableció la frontera virósica: “Si esto sigue así, o se incrementan los casos a 300 por día, ya la cosa creo que se va a complicar”. 
Ayer fueron 285, al linde del límite crítico; nuevo récord tras semanas de cifras de contagios arriba y sin remisión, en estampida ralentizada desde las vacaciones, cuando se flexibilizaron las restricciones en aras de la temporada turística y el alivio a la agobiada actividad económica. Cualquier objeción a la política sanitaria del Gobierno puede ser válida, pero en el contexto de incertidumbre generalizada hay datos objetivos que no puede honestamente omitirse. El principal de ellos es que la peste empezó a ser una amenaza seria en Catamarca recién un año y pico después de que se disparara en el país.

Las disposiciones oficiales para tratar de contener el avance de la pandemia recorrieron todos los tipos, fluctuantes, pero el bicho se metió y parece no haber modo de mermarle el margen de acción sin el concurso de toda la sociedad.
Hay una tensión ostensible entre las libertades y el rigor de las medidas sanitarias estatales. Esta contradicción trama el debate político y social  desde hace meses sin haber arribado a síntesis concluyentes. Lo único que puede decirse es que el virus avanza y ya amenaza la estabilidad del sistema sanitario, resistente tanto al máximo de los controles como a su flexibilización extrema.
En la perspectiva, se advertirá que los picos de contagios coincidieron con el afloje de los controles, que derivaron indefectiblemente en el recrudecimiento de las reuniones y el agolpamiento en lugares públicos.


A esta altura, la médula del problema no pasa evidentemente tanto por lo que haga el Estado sino por la conciencia social sobre el grado de peligrosidad de la acechanza. La responsabilidad social es el elemento clave, y consiste en asumir los hábitos profilácticos: higiene frecuente con agua y jabón de manos y caras, tapabocas, distanciamiento. Sin estas conductas colectivas, no hay forma salvo un Estado ultrapolicíaco y ni aún así: son los recursos humanos los que no dan abasto, caen como moscas, contagiados o por agotamiento.
“Estamos trabajando prácticamente a pleno en el Malbrán, conjuntamente con el Hospital San Juan Bautista, que nos sirve como descarga, de acuerdo a la complejidad de los pacientes para mantenerlos hasta que nosotros podamos lograr una cama”, advirtió Godoy. 
En el Hospital Malbrán, tranquilizó, se preparan 15 camas más “para descomprimir”, y “está previsto que los CAPS de la zona norte y sur tengan camas, pero no para atención permanente, sino para la atención inicial hasta que el sistema le pueda dar un lugar específico para cada paciente”.

A la evolución de la peste se sumó la demanda de las secuelas, no solo sobre la población de riesgo sino sobre paciente sanos, que plantea nuevos desafíos al sistema sanitario.
“El después de la enfermedad es otra preocupación. El hospital ya está trabajando con tres o cuatro proyectos para que, desde la salud pública, brindar a la gente un equipo de atención multidisciplinario”, dijo Godoy al respecto. 
El asunto pasa por las disponibilidades del sistema de salud, que incluye el sector privado. Debe considerarse que no se trata solo de la aparatología y la infraestructura, sino del personal en condiciones de atender a los pacientes. Sobre todo del personal para atender a los pacientes.
Con vacunas en dosis homeopáticas, la desaprensión social se afirma como una agresión colectiva.

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