Desde hace relativamente poco tiempo se instaló en Catamarca una “cueva” financiera que ofrece altas tasas de rentabilidad. Una ganancia excesiva en comparación con cualquier otra inversión financiera del mercado. Tan generosa que resulta increíble y, por lo tanto, destila un inconfundible tufillo a estafa. Como dice el refrán, “cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”.
El dueño de la financiera se presenta a sí mismo como “Trader God” (Dios del trader) en las redes sociales, y se jacta de ser el “pionero en negocios de inversión con criptomonedas” en Catamarca. Su negocio consiste en tomar dinero de los clientes cuyas ganancias salen de lo que aporten los nuevos participantes del fondo, es decir, un esquema piramidal clásico.
Las tasas que ofrece van del 10% mensual en montos de $500.000 a $1.000.000 en un plan de tres meses, al 16% mensual para montos superiores al millón de pesos en un periodo de seis meses. Es decir, mientras los bancos pagan una tasa promedio del 33% anual en plazos fijos comunes, esta financiera local promete pagar hasta 192% anual. La diferencia está en las garantías, el respaldo y la legalidad. De todo eso carece esta timba.
Las inversiones que vende la financiera son en moneda digital, como el Bitcoin, la criptomoneda más conocida en el mundo de los medios virtuales de pago.
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Un Ponzi suelto en Catamarca
En el país, hay un antecedente cercano de cómo suelen terminar estos negocios. En abril de 2018, Enrique Blaksley, el "Madoff argentino", fue detenido acusado de estafas y lavado con el dinero de unos 1.000 pequeños inversores que le confiaron sus ahorros. Blaksley, que entonces tenía 52 años y era vecino de San Isidro, fue fundador de “Hope Funds” (Fondos de Esperanza). El tipo de fraude que utilizó Blaksley es una maniobra conocida como "esquema Ponzi", un sistema de fraude piramidal que lleva ese nombre en alusión a un estafador que lo implementó a comienzos del siglo XX en EE.UU., y que se caracteriza por un efecto de bola de nieve en el que la alta rentabilidad prometida se paga con la llegada de nuevos clientes.
El sistema saltó a la fama en Boston a principios de la década de 1920, cuando Carlo Ponzi, un inmigrante italiano, se convirtió, en apenas seis meses, en un millonario de menos de 40 años. Su estrategia consistió en beneficiarse con la confianza de los clientes de su sociedad, Securities Exchange Company. Ponzi prometía a los ahorristas intereses de hasta el 40% en 90 días, mientras que las cuentas de ahorro ordinarias de la época no sobrepasaban el 5% de rendimiento.
En su momento, el negocio que "vendía" Ponzi era sencillo: una persona en el extranjero enviaba una carta a Estados Unidos, en la que incluía un sello postal comprado según las tarifas del país de origen. La promesa se basaba en que, jugando con las diferencias entre las cotizaciones del dólar y las divisas extranjeras, los beneficios llegaban solos. Entusiasmados, los pequeños ahorristas entregaron su dinero a Ponzi, que "en tres horas, recibió un millón de dólares". Meses después, el gobierno federal de EE.UU. descubrió la estafa e intervino la empresa de Ponzi, quien fue enviado a la cárcel y luego deportado a Italia. La mayor parte de los ahorristas perdieron su dinero. Un final anunciado.
El “Ponzi” catamarqueño (aunque no es oriundo de esta provincia) suele pasearse por algunos espacios radiales para hablar sobre las ventajas “siderales” de sus productos de inversión respecto a lo que ofrecen bancos y otras financieras locales.
Cuenta con un pomposo local ubicado en la zona alta de la ciudad, en inmediaciones de la movida cervecera, y no tiene ningún empacho en promoverse en las redes sociales como el financista top, ni en desafiar a sus competidores mostrando pantallas de sus rendimientos. Ni tampoco en ostentar sus lujosos vehículos.
Aunque algunas personas de Catamarca se sientan tentadas de obtener grandes utilidades de sus ahorros o dinero inmovilizado con este esquema piramidal, vaya la advertencia: el dinero fácil existe, es cierto, pero tiene un riesgo enorme. El fraude y la estafa están a la vuelta de la esquina.