lunes 11 de mayo de 2026
Cara y Cruz

UCR: una verdad dual

La convención provincial de la Unión Cívica Radical celebrada el sábado dejó varias conclusiones políticas relevantes, aunque acaso la principal haya que, pese a las fugas, rupturas y reacomodamientos de los últimos meses, la enorme mayoría de la dirigencia radical catamarqueña continúa dentro de la estructura partidaria.

Mientras dirigentes históricos y otros cuadros medios decidieron abandonar el partido para incorporarse a Generar o explorar acuerdos con el ecosistema libertario que, hasta hace poco, parecía avanzar de manera arrolladora también en Catamarca, la concurrencia de más del 80 por ciento de los convencionales fue, en ese sentido, una demostración de fuerza política orgánica. También un intento de reconstrucción después del fracaso electoral del año pasado, cuyos efectos todavía atraviesan al radicalismo provincial.

No obstante, conviene evitar conclusiones apresuradas. Que la mayor parte de los dirigentes permanezca dentro de la UCR no implica necesariamente que ello se traduzca en potencia electoral efectiva. La experiencia política catamarqueña ofrece sobrados antecedentes en ese sentido. Durante los años de hegemonía del Frente Cívico y Social, el peronismo mantenía formalmente una importante estructura partidaria, pero una porción significativa de sus afiliados y simpatizantes optaba electoralmente por otras expresiones. La fidelidad orgánica a veces no coincide plenamente con la conducta electoral de la ciudadanía.

En el radicalismo actual ocurre algo semejante. Muchos votantes históricamente identificados con la UCR pueden sentirse atraídos por propuestas libertarias, por acuerdos circunstanciales o simplemente por opciones alejadas de las viejas identidades partidarias. La política contemporánea se organiza cada vez menos alrededor de pertenencias permanentes y cada vez más en función de liderazgos coyunturales, climas sociales y demandas específicas.

La convención dejó además expuestas tensiones internas que no son nuevas, aunque esta vez adquirieron una intensidad singular. Uno de los principales focos de discusión surgió a partir de los reclamos de mayor protagonismo formulados por convencionales de municipios que exhiben realidades electorales positivas para el radicalismo, particularmente Andalgalá y Fiambalá.

El pedido de mayor participación en la junta electoral que organizará los comicios internos previstos para el 12 de julio derivó rápidamente en un intercambio de reproches hacia la dirigencia capitalina. Y no sin fundamentos. La conducción asentada en la Capital mantiene todavía un peso decisivo en el manejo partidario, pese a que la UCR ha perdido de manera gradual representación política precisamente en el principal distrito electoral de la provincia.

Los dirigentes del interior sostienen, con lógica atendible, que quienes logran sostener competitividad electoral deberían tener mayor incidencia en las decisiones partidarias. La demanda parece razonable. Sin embargo, la crisis radical probablemente no pueda resolverse solamente incorporando dirigentes exitosos o redistribuyendo espacios de poder interno.

El problema de fondo es una pérdida de identidad política. Una dificultad que excede largamente a la UCR catamarqueña y atraviesa al radicalismo nacional desde hace años. El partido aparece dividido entre quienes consideran indispensable reconstruir una personalidad propia, con discurso, propuestas y liderazgo diferenciados, y quienes entienden que el futuro pasa por integrarse como socios menores de La Libertad Avanza o del Pro.

La convención radical mostró, en consecuencia, una verdad dual. Por un lado, que el partido conserva todavía una estructura más sólida de lo que algunos suponían. Por otro, que esa supervivencia orgánica no alcanza por sí sola para resolver su crisis política y electoral.

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