El viejo y querido “western” revive en Aconquija, con el comisario Daniel Machado y el fiscal Alejandro Scidá en los roles protagónicos de la historia, que acaso incluya un duelo al sol, o en el OK Corral.
El viejo y querido “western” revive en Aconquija, con el comisario Daniel Machado y el fiscal Alejandro Scidá en los roles protagónicos de la historia, que acaso incluya un duelo al sol, o en el OK Corral.
Una de cow-boys, en este caso con cuatreros en el corazón del drama y el siempre bienvenido ingrediente de la incertidumbre: no se sabe aún quién es el bueno y quién el malo, está reñida la definición por el feo.
El cruce se precipitó a raíz de las denuncias de productores ganaderos víctimas de abigeato por la inacción policial y judicial. Machado responsabilizó a Scidá; el fiscal respondió el fuego con una investigación sobre el funcionamiento de la comisaría de Aconquija.
El resultado de estas indagaciones judiciales fue un informe que se presentó a la Secretaría de Seguridad de la Provincia.
Según Scidá, la conducta del comisario Machado “resulta peligrosa”. Destacó que algunas de sus medidas y procedimientos “son objeto de investigación penal y han sido sometidos a las correspondientes medidas administrativas".
"No son menores ni pocos los casos en los que la actividad y accionar de este funcionario policial resultan altamente lesivos, injuriantes e ilegales; y por ende, no cumple las expectativas para cubrir tan alto cargo", añadió.
Machado, por su parte, rezonga porque Scidá le “soltó la mano” a la fuerza policial y desmiente las anomalías que le imputan.
Tras el informe de Scidá a la Secretaría de Seguridad, un grupo de damnificados por los cuatreros hizo una presentación en su contra ante la Corte de Justicia por “inacción voluntaria”. Dicen que hay una veintena de denuncias por abigeato que no han tenido respuesta judicial. Mientras, les robaron 200 animales en los últimos dos años.
Los ganaderos no se explican la inacción policial y judicial, pues aseguran que conocen a los cuatreros y que, por pesquisas personales, lograron constatar que los animales que les roban son faenados y su carne se comercia en carnicerías de Tucumán.
Los últimos robos fueron de "entre uno y cuatro animales por productor. Inclusive, encontramos cueros enterrados en las fincas y en varias oportunidades ni siquiera se tomaron la molestia de ocultar los restos. Actuaron impunemente", contaron.
Machado fue desplazado ayer de la comisaría de Aconquija.
Clint Eastwood podría hacerse un festín con la trama.
El caso es que se desarrolla sin que los perjudicados por las incursiones de los cuatreros reciban respuestas a sus legítimos reclamos. Es una suerte que se trate de gente civilizada, renuente a la violencia, a la que esta indiferencia de las autoridades no indujo a asumir la defensa de su patrimonio con sus propios medios. En otras regiones de la provincia, las diferencias en torno a la propiedad del ganado se han resuelto de modo expeditivo en más de una oportunidad, incluso a los tiros, al más puro estilo “far west”.
Las esferas policial y judicial, en teoría, deben actuar en coordinación perfecta. Las rencillas entre ambas devienen indefectiblemente en indefensión ante la delincuencia y prestación defectuosa del servicio de justicia.
Es de esperar que se hagan las averiguaciones administrativas y judiciales pertinentes para deslindar responsabilidades en este duelo entre el comisario Machado y el fiscal Scidá, pero no puede dejar de llamar la atención que recién salga a la luz cuando los productores ganaderos, hartos de las incursiones de los cuatreros, recurren a la prensa. Se trata de un detalle curioso, quizás mera casualidad. Sin embargo abre espacio a habladurías de los malintencionados, que nunca faltan.