Quemá esas fotos. Milei y Orbán. Respaldado por Trump, el hungaro sufrió poco después una derrota catastrófica.
La sintonía con el presidente norteamericano Donald Trump ha sido uno de los factores más determinantes en las rotundas derrotas electorales que, con menos de un mes de diferencia, sufrieron el premier húngaro Viktor Orbán y su par italiana Giorgia Meloni, al margen de la filiación de ambos al cuadrante ideológico de la derecha.
Las diferencias entre las dos contiendas son tan significativas como los perfiles de los derrotados, sus estilos de gestión y las culturas políticas de Hungría e Italia, pero ambas acontecieron después de que Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu desencadenaron la guerra contra Irán y sumieron al mundo entero en la incertidumbre. Hay además un dato indicativo: en los dos casos los niveles de participación del electorado fueron extraordinarios.
Orbán y Meloni pagaron en las urnas su respaldo al delirio bélico y las masacres imperiales.
El tirano húngaro, que además era peón del ruso Vladimir Putín contra la Unión Europea, perdió el poder después de 16 años, así que para él no tiene demasiado caso revisar sus posiciones geopolíticas en lo inmediato.
La reacción de la italiana, en cambio, confirma que su alineamiento con el norteamericano fue el motivo principal del rechazo electoral manifestado en un evento tan poco fascinante como un plebiscito para reformar el sistema judicial. De inmediato retrocedió en el apoyo al eje EE.UU-Israel en el conflicto iraní y empezó a acomodarse a las posiciones de la castigada Unión Europea para tratar de reempinarse ante la opinión pública de su país.
Quizás a Milei le convenga mirarse en los espejos de Orbán y Giorgia Meloni, que pagaron en las urnas su sintonía con Trump Quizás a Milei le convenga mirarse en los espejos de Orbán y Giorgia Meloni, que pagaron en las urnas su sintonía con Trump
Estas maniobras de reconciliación con el electorado italiano incluyeron la suspensión de la renovación automática del acuerdo de Defensa entre Italia e Israel y el respaldo al Papa León XIV ante los ataques que el desaforado Trump descargó en su contra por haber cuestionado la guerra.
Tales actitudes le valieron a Meloni el reproche de su antiguo amigo “¿A ustedes italianos les gusta que su primera ministra no esté haciendo nada para obtener el petróleo? ¿Le gusta a la gente? No puedo imaginarlo. Estoy shockeado, pensé que tenía más coraje, pero me equivoqué”, espetó.
Meloni, que será de derecha pero no come vidrio, ha de estar chocha de la vida con estos mandobles. Nada podría venirle mejor después del duro revés electoral que la repulsa del estrafalario líder norteamericano, que encima la coloca en el bando nada menos que del Papa.
La catástofe de Orbán le ratificó a la premier italiana lo acertado de su reorientación diplomática. La derrota en el plebiscito judicial podría representar para ella sólo un tropezón, que le permitió girar antes de enfrentar compromisos de política doméstica más graves para su futuro.
Abreven en la derecha o el progresismo, lo que se advierte es una saludable confluencia de los líderes mundiales más importantes en el rechazo al extravío de Trump y todo lo que representa. La guerra de Irán es el pico más alto de una política demencial que ha destruido el prestigio de los Estados Unidos y lo han aislado en el concierto las naciones de Occidente.
La caída de Orbán se inscribe en este proceso de repulsa a la obscenidad de la barbarie. El autoritarismo fascista que el húngaro edificó era la prefiguración de lo que el norteamericano pretende imponer.
Los Estados Unidos e Israel mantienen en su retroceso un único aliado incondicional: el presidente argentino Javier Milei, que el viernes parte en su tercer viaje oficial a Israel, invitado por Netanyahu. Permanecerá allí hasta el 22 de abril, participará de los actos por el Día de la Independencia, será condecorado y podría anunciar el traslado de la embajada argentina a Jerusalén.
Milei estuvo en Budapeste poco antes de las elecciones, en la cumbre de la Conferencia de Acción Política Conservadora. Feliz en ese momento de ser recibido y fotografiarse con Orbán, en cuyo espejo por ahí le convenga mirarse ahora para no caer en la trampa Trump. El mundo y la gente parecen empezar a hartarse de los energúmenos.