jueves 5 de marzo de 2026
Lo bueno, lo malo y lo feo

Un proyecto colectivo como alternativa para superar la procrastinación

En publicaciones anteriores hemos evidenciado interrogantes tales como: ¿por qué no hay diálogo entre nosotros?, ¿qué nos está pasando que como comunidad somos reminiscentes a distintos circuitos de crisis?, ¿qué sucede con las economías regionales?, y así, en su mayoría, las distintas temáticas planteadas siempre parten del porqué continuamos en círculos viciosos que parecieran no tener salida y con la sensación de que tales interrogantes se incrementan aún más.
Acompaña a estos interrogantes cierta clase de pensamiento interno que cada uno lleva y no exteriorizamos y que hace al día a día, una manera más de supervivencia individual que una cuestión de superación colectiva.
Así es que pareciera ser que nuestras acciones, independientemente de las distintas facciones y actividades en las que nos desenvolvemos en la comunidad, tienen la creencia de que solo pueden desarrollarse desde o con el Estado. Así, por ejemplo, en la ciudadanía se ha formado cierta clase de pensamiento basado en que el desarrollo de las personas solo puede serlo como “empleado”, sea municipal, provincial o nacional, o también como subsidiado por el Estado con diferentes clases de beneficios.
Lo curioso del caso es que quienes de alguna manera critican esta cuestión planteada precedentemente no difieren mucho. Es el caso de quienes participan en política, y ello es así porque evidencian no solo acciones para alcanzar el poder como oficialismo o ser parte de él como oposición, sino también una falta total de proyecto colectivo para el desarrollo del hombre, preocupándose más por la propia supervivencia individual o del sesgo al que forma parte, y también de alguna manera terminar dependiendo del Estado.
Esta cuestión pareciera ser que hoy se ha naturalizado y transformado en un hábito de vida, pues parte del pueblo y parte de la comunidad política permanecen en la comodidad de no avanzar hacia un verdadero proceso de transformación, de tomar las decisiones necesarias para enmendar y salir de la dependencia del Estado hacia una nueva forma de vida, la independencia y desarrollo como hombre. Y nada de ello ocurre, pues, porque solo se prioriza el núcleo de los propios intereses, sin avizorar un futuro distinto para la comunidad en su conjunto.
Como consecuencia lógica de este modelo, el juego de las mayorías circunstanciales ha llevado en la práctica “procrastinar” (posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes pero que son irrelevantes), cuestiones trascendentes, tales como la elaboración de un plan trascendente.
Cabe destacar y ser insistente en tomar conciencia de que este concepto de procrastinar hoy es ya un hábito no solo en la comunidad en general sino también en la comunidad política, y como ejemplo de ello fue posponer la reformulación del contrato social a través de la reforma constitucional, el reordenamiento en la administración pública, el sistema electoral, los privilegios políticos y la educación, entre otros temas más procrastinados.
El futuro que se ve en este presente es de una selectiva resignación por una parte del pueblo, la cual se encuentra motivada más por el conformismo y el hedonismo que por la búsqueda de la verdadera felicidad y el vivir en paz. Mas la otra parte del pueblo mira solo desde la crítica esta resignación, y en definitiva cae en su mismo estado.
Es así que esta conducta selectiva de resignación nos conduce a tener una mirada parcial no solo de espacio sino además de tiempo; en otras palabras, nos conlleva a tener vivencias desde los sesgos con alcances intrascendentes y en muchos casos de enfrentamiento. Esto se posicionó también en el ámbito de la política, adviértase que se han diluido prácticamente las instituciones políticas de los partidos como formadores o desarrolladores de ideas y proyectos, por nuevas formas conocidas como consensos en la búsqueda de frentes o coaliciones electorales, armados de colectoras; en definitiva, el modelo político que llevamos a la práctica es el del enfrentamiento personal más que selección y elección de ideas, programas y plataformas sustentables en el tiempo.
Podríamos considerar entonces que el desafío hoy consistiría en dimensionar la necesidad de establecer un espacio para generar nuevas ideas que permitan visualizar un futuro donde evolucionen las vivencias actuales y transformarlas en un estado de diálogo y convivencia, dotadas de sentido trascendente -y como dice nuestro contrato social, la Constitución- para el amor, la paz y en la recta búsqueda de la felicidad como modo de permitir el desarrollo más pleno de las potencias y posibilidades de cada hombre, de todos los hombres y de la comunidad como conjunto.
Como colofón en esta oportunidad, podemos reflexionar con una perspectiva desde el punto de vista científico, la física cuántica, al comprobar ésta que “…si cambias la manera de mirar las cosas, las cosas que miras cambian”. Así pues, es momento que dejemos de enfocarnos tanto en los “ismos” salvadores, en los enfrentamientos, y luego como comunidad cambiemos la mira hacia las utopías, las nuevas ideas, nuevos “proyectos colectivos” dotados con un método, compromiso y decisión. Y así formulado nos permitiremos superar la resignación y la procrastinación, para que en definitiva convivamos en una comunidad que se desarrolle como tal y evolucione hacia la felicidad y la convivencia en paz.

Carlos Exequiel Olmos
Abogado

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