La política es una actividad de difícil predicción. Lo sabe cualquiera que haya estado involucrado en ella y también los observadores atentos y críticos, aunque no sean dirigentes o militantes.
La política es una actividad de difícil predicción. Lo sabe cualquiera que haya estado involucrado en ella y también los observadores atentos y críticos, aunque no sean dirigentes o militantes.
Lo dicho no se refiere, en este caso, a las idas y vueltas de los dirigentes, las peleas y las reconciliaciones o los acuerdos espurios de último momento, sobre el cierre de la presentación de las listas. También a veces son difíciles de entender, y por eso mismo de predecir, las bases de sustentación de las fuerzas políticas.
Si hay un sector castigado por la política económica del actual gobierno nacional ése es el de la industria. Las estadísticas del deterioro son contundentes: el Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero del INDEC registró en abril una contracción del 8,8 por ciento, y acumuló 12 meses consecutivos con declive respecto de los valores de igual tramo de 2018; el uso de la capacidad instalada es menor al 60 por ciento: en los últimos doce meses quebraron 1.500 pymes industriales y se perdieron 70.000 puestos de trabajos en el sector, llegando a 120.000 menos desde diciembre de 2015. Catamarca ha vivido en carne propia la devastación de su producción industrial, aunque en este caso la crisis se remonta a la pérdida de los beneficios de la promoción, ocurrida en 2012.
Sin embargo, la candidatura de Macri ha recibido el apoyo de numerosos y muy importantes empresarios industriales, que, según se supo la semana pasada, hasta han conformado un grupo del servicio de mensajería de WhatsApp para coordinar acciones en el sentido mencionado.
¿Cómo puede entenderse que empresarios que han perdido mucho dinero en los últimos años manifiesten su apoyo a la continuidad de este modelo? Empresarios que, también hay que señalarlo, obtuvieron importantes ganancias en los primeros años del kirchnerismo, cuando la economía nacional crecía a tasas chinas. Entre 2011 y 2015, la economía empezó a estancarse, y en ese contexto pareció razonable que los denominados capitanes de la industria –es decir, los más poderosos representantes del sector-, procuren un cambio político. Pero cuatro años después no puede decirse lo mismo.
Este apoyo, por cierto, lejos está de ser unánime. Hace algunos días se renovaron las autoridades de la Unión Industrial Argentina. El titular reelecto, Miguel Acevedo, cuestionó la política económica del gobierno nacional y sostuvo que el próximo gobierno “deberá hacer cambios en la política económica, aún si continúa esta administración”.
Las políticas de la administración actual, que tendieron al deterioro del poder adquisitivo de los asalariados, y consecuentemente del mercado interno, y a la apertura casi indiscriminada de las importaciones, fueron letales para la industria. Y no se avizora un cambio de políticas de existir una ratificación del gobierno en las urnas. Deberá recordarse que el propio Mauricio Macri, cuando Mario Vargas Llosa le preguntó en una cena organizada por la Fundación Libertad a la que asistieron más de 1200 empresarios, qué haría si fuese reelecto en el cargo, respondió: “Lo mismo, pero más rápido”.