Cara y Cruz

Bandera excluyente

Los clásicos “tedeums” por el 9 de Julio fueron utilizados por la Iglesia...
martes, 10 de julio de 2018 · 04:20

Los clásicos “tedeums” por el 9 de Julio fueron utilizados por la Iglesia Católica para afirmarse en la pelea contra la despenalización del aborto, bandera que va tomando carácter excluyente, aunque las arremetidas dialécticas se condimenten con alusiones a la situación económica. Hace mucho que no se veía al clero asumir posiciones unánimes tan enérgicas. Es pauta de la importancia que se le atribuye al litigio que se desarrolla ahora en el Senado nacional, tras una ajustada media sanción obtenida en la Cámara de Diputados. En La Plata, frente a la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que se opone a la legalización, el flamante arzobispo Víctor “Tucho” Fernández pidió al presidente Mauricio Macri que vete la iniciativa si llega al estatus de ley. El tedeum platense cerró con manifestaciones y cánticos contra la despenalización. “Si a la vida, no al aborto”, gritaron grupos de opositores a la ley que ingresaron a la Catedral con pañuelos y globos celestes. En Tucumán, donde se realizaron los actos oficiales por el Día de la Independencia, el arzobispo Carlos Sánchez instó a “defender la vida” y enfatizó que “el aborto es muerte”. Estaban presentes la vicepresidente Gabriela Michetti, antidespenalización, y el gobernador anfitrión Juan Manzur. Macri no participó de la ceremonia religiosa, porque llegó a Tucumán más tarde. Tal vez no quiso exponerse a que le pidieran el veto sin intermediaciones.


El obispo catamarqueño Luis Urbanc no fue la excepción. Insistió en el tedeum con los argumentos que viene desplegando, reiterados en las marchas que se realizan todos los sábados alrededor de la plaza 25 de Mayo, bajo la advocación de la Virgen del Valle. Sumó ahora la figura de Fray Mamerto Esquiú. Recordó las dificultades que tuvo la madre del ilustre franciscano para engendrarlo y mantenerlo con vida, y que lo encomendó a Dios con la promesa de vestirlo con los hábitos de de la congregación San Francisco. Mamerto se salvó, como es sabido. Urbanc destacó el ejemplo de su madre, que no abortó (ver pág. 3). Nótese que la Iglesia local ha incorporado a sus filas en esta lucha particular a las dos figuras estelares del procerato catamarqueño, con el derecho que le da que pertenezcan al universo religioso. Los partidarios de la despenalización podrían meter en liza a Felipe Varela, que no era ni virgen ni sacerdote; o a Eulalia Ares de Vildoza, adecuada referente feminista. Es ventajoso poder atribuirles opiniones contemporáneas a muertos y santos imposibilitados de pronunciarse. Si los legalizadores no se avivan, la Iglesia se apropiará de todos los finados ilustres.


El impacto de la movilización de la Iglesia sobre el desarrollo de la discusión sobre el aborto es notorio. La media sanción en la Cámara de Diputados, enmarcada en una fuerte movilización de los sectores favorables de la legalización, hizo pensar en un principio que la fuerza de la “ola verde” alcanzaría para derribar las resistencias en el Senado, un cuerpo en el que las provincias tienen peso numérico idéntico –tres senadores cada una-, cuyos representantes se suponen más apegados a los poderes tradicionales de sus distritos, entre los que la curia se destaca. Las cosas no son tan seguras. De los senadores catamarqueños, solo uno, Oscar Castillo, anticipó su voto a favor de la ley. Hay representaciones provinciales íntegras, como la de La Rioja, que ya se pronunciaron en contra. El 8 de agosto, fecha fijada para el debate, habrá otro seguro final de bandera verde en el Congreso.
 

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