viernes 8 de mayo de 2026
Editorial

Nubarrones en el horizonte

Por Redacción El Ancasti

Si bien los nubarrones de una crisis de alto impacto en las finanzas públicas -y consecuentemente en la economía nacional y domésticas de millones de argentinos- aun se divisan lejanos, el gobierno nacional debería tomar nota de que su obcecación por mantener sin modificaciones el plan económico puede acercar a la Argentina peligrosamente a aquel horizonte tormentoso.

El modelo económico implementado a partir de diciembre de 2015 no ha tenido desde entonces modificaciones de importancia –apenas algunos ajustes cosméticos- , pese a la orfandad de resultados. El gobierno de Cambiemos repite el error del gobierno kirchnerista, aunque desde las antípodas del enfoque económico: insistir con recetas que se han mostrado incapaces de resolver problemas que afectan la marcha de la economía en la coyuntura –por ejemplo el cepo al dólar del gobierno anterior y la política de altas tasas de interés del actual- y rechazar cualquier posibilidad de modificación en esas políticas.

Cuando asumió, el equipo de gobierno de Cambiemos no imaginó seguramente el escenario macroeconómico actual, casi dos años y medio después: la inflación continúa en los mismos niveles de 2015, la tasa de inversión casi no se ha modificado, el déficit total sigue aumentando –aunque baje el primario-, al igual que el de la balanza de pago, el consumo ha caído y el crecimiento de la economía apenas alcanza a recuperar los niveles de PBI del último año del gobierno kirchnerista, por citar solo algunos ejemplos.

La receta ortodoxa de subir las tasas de interés para contener la inflación no tiene el resultado esperado, y como contrapartida contrae la actividad económica y favorece la especulación financiera y la fuga de capitales, que en el último año ha alcanzado casi los 25.000 millones de dólares, según las estadísticas difundidas por el propio Banco Central. 

Si el plan económico puede sostenerse todavía sin modificaciones es porque los dólares que no ingresan por las exportaciones, cuyos niveles han caído de manera alarmante, ni por la inversión extranjera, que llega a cuentagotas y solo para sectores de la economía altamente rentables, se obtienen mediante crédito externo. Pero se sabe que los elevados niveles de endeudamiento de los dos últimos años no son sostenibles por mucho tiempo sin que el fantasma del 2001 vuelva a agitarse sobre la cabeza de todos los argentinos. 

Las convicciones de dirigentes políticos y técnicos para la aplicación de determinadas medidas son un valor que debe celebrarse, pero también es necesario que a los principios teóricos que sustentan las políticas se les añada como virtud la capacidad de admitir los errores, de formular correcciones y ajustes y de imaginar propuestas innovadoras que produzcan resultados diferentes y alejen los nubarrones que se ciernen cada vez más amenazantes sobre el horizonte de la economía nacional.
 

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