Hay un chiste que retrata con fidelidad lo que muchos piensan del Plan Belgrano en el norte argentino. La chanza, que circula por las redes sociales, tiene forma de interrogante: "¿El Plan Belgrano existe o son los padres?”.
Hay un chiste que retrata con fidelidad lo que muchos piensan del Plan Belgrano en el norte argentino. La chanza, que circula por las redes sociales, tiene forma de interrogante: "¿El Plan Belgrano existe o son los padres?”.
Hace referencia, claro, a los escasos frutos de este proyecto que fue ideado a las apuradas entre las PASO de agosto de 2015 y las generales de octubre de ese mismo año para captar votos en las provincias de la región del Norte Grande argentino.
Presentado como un plan que cambiaría la historia de nuestras provincias, los logros a un año y medio de su implementación son más bien escasos. Pero además de escasos, son imposibles de cuantificar, lo mismo que su impacto. Es que el Plan Belgrano incluye a todas las áreas, de modo que cualquier inversión nacional en el territorio de las diez provincias norteñas es considerada como parte de este plan, desde un puente o una escuela, hasta la entrega de asistencia a los inundados, pasando por la compra de vehículos para combatir al narcotráfico.
Es decir, los que pregonan que se trata más de un producto marketinero y electoralista que de un plan sistemático y bien planificado para el desarrollo tienen cada vez más argumentos a su favor para sostener la tesis. Sobre todo luego de que se conociese la decisión de que el año que viene el Plan Belgrano sería desjerarquizado, pues perdería su rango de ministerio para pasar a ser una secretaría, que se fusionaría con otra, la de Asuntos Municipales del Ministerio del Interior.
Mientras se planean estos cambios más vinculado a lo político que a la gestión en sí mismo, las provincias del norte argentino siguen aguardando las inversiones prometidas.
El NOA-NEA es, se sabe, la región más postergada del territorio nacional. Su economía, lejos de despegar, ha retrocedido en el último año y medio. Un informe de la Fundación Ideal da cuenta de que las provincias norteñas han sido las más afectadas por la caída de las exportaciones, "ya que disminuyeron sus exportaciones cinco de los seis complejos productivos más relevantes" de esta porción del país.
Los indicadores sociales son también muy preocupantes, mucho más que los del resto del país. La proporción de niños en extrema pobreza son mayores en el NOA y en el NEA que en el resto del país, lo mismo que la mortalidad infantil, la mala nutrición y el analfabetismo.
Otro ejemplo que cuantifica la brecha entre las regiones pobres y las ricas en materia de infraestructura pública: las privaciones en agua en el Norte Grande argentino superan en 30 veces las registradas en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, la de menor nivel de privaciones.
De modo que nuestra región pide a gritos atención del gobierno federal para orientar la inversión pública hacia las provincias del norte. Pero no una inversión condicionada por factores políticos-partidarios, sino la resultante de un plan sustentable, lejos del marketing y cerca de las necesidades de la gente.
Por lo que se ha visto hasta ahora, el Plan Belgrano no existe: son los padres.