No hace falta abundar en detalles para explicar que Catamarca nunca ha sido una provincia con perfil industrial. Este sector ha tenido históricamente en nuestra provincia un desarrollo apenas incipiente.
No hace falta abundar en detalles para explicar que Catamarca nunca ha sido una provincia con perfil industrial. Este sector ha tenido históricamente en nuestra provincia un desarrollo apenas incipiente.
La legislación promocional de la que gozó en las dos últimas décadas del siglo pasado y la primera del actual permitió que algunas empresas industriales se radicaran. Pero el objetivo de que tuvieran vuelo propio una vez terminado el régimen de promoción fue apenas un anhelo.
De hecho, en el último lustro muchas industrias radicadas en la Provincia apenas se mantuvieron, y si no hubo un éxodo masivo de empresas fue porque el Estado –en sus niveles provincial y nacional- continuó dando apoyo a través de distintos mecanismos.
El sector que logró un mayor grado de desarrollo fue el textil, pero éste es precisamente el más afectado por el modelo económico que rige en el país desde diciembre de 2015, por lo que el panorama en el corto y mediano plazo no parece ser muy alentador.
En rigor, el textil no es el único sector que ha retrocedido en la industria, pero sí el que presenta los peores indicadores. Si en el primer trimestre de 2017 la actividad industrial registró una caída del 2,4 %, según las cifras del INDEC, el retroceso de la industria textil fue superior al 17% en el mismo lapso.
No obstante, la caída en lo que va del año ha sido menor que la registrada el año pasado, cuando orilló el 40%, constituyendo el período más crítico desde la debacle económica de 2001-2002.
Según las cifras que manejan consultoras y las organizaciones empresariales del sector, en el rubro textil hubo en el último año más de 20.000 trabajadores despedidos o suspendidos.
Las causas de la preocupante crisis del sector textil son básicamente dos: la recesión en la que está sumida la economía desde fines de 2015, lo que ha derrumbado notablemente el consumo, y la apertura casi indiscriminada de las importaciones, lo que ha provocado una avalancha de productos extranjeros, sobre todo del sudeste asiático, contra los cuales resulta imposible que las empresas locales puedan competir por una cuestión de costos, particularmente el salarial.
La Fundación Proteger calcula que las ventas textiles descendieron de 500.000 toneladas en 2015 a 425 mil en 2016, mientras que las importaciones mostraron el año pasado un aumento del 6,7 por ciento en el volumen de toneladas. Otro dato clave: de acuerdo con la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, hubo una suba del 78 por ciento en el volumen de las prendas de vestir importadas solo en este primer trimestre.
Cuando las estadísticas son elocuentes, las discusiones acerca de los modelos económicos se vuelven inútiles.
En Catamarca hasta ahora la crisis textil no ha producido despidos masivos, sino suspensiones, adelantos de vacaciones o retiros voluntarios. El apoyo estatal ha sido otra vez clave para que esto sucediera. Pero de persistir la tendencia, más grave puede ser el estado de situación en el futuro.
Cuando se diseña la política económica es preciso que se tenga en cuenta el impacto que tendrá en todos los sectores, no solamente en los que tienen más peso en los grandes centros urbanos. El actual gobierno nacional prometió en la campaña presidencial de 2015 la reactivación de las economías regionales. Sería bueno que lo recuerde este año, que otra vez habrá convocatoria al pueblo para que concurra a las urnas.