En su primera conferencia de prensa luego del triunfo de Cambiemos en las elecciones del domingo, el presidente Mauricio Macri señaló, cuando le preguntaron sobre los altos niveles de deuda que su gobierno viene tomando en el último año y medio, que “mientras la Argentina tenga déficit fiscal, va a seguir teniendo que tomar deuda”.
La respuesta tiene su lógica. Si en vez de un país hablásemos de la economía familiar, la reflexión sería similar: si no puede llegar a fin de mes, tendrá que sacar a crédito, por ejemplo, los remedios de la abuela. Pero puesto en términos cotidianos, la reflexión se completa remarcando que esa estrategia no es sustentable ni siquiera en el mediano plazo.
La admisión presidencial de que la deuda contraída en este lapso (casi cien mil millones de dólares) es para tapar los agujeros de las cuentas fiscales y no para generar las condiciones para el desarrollo estratégico de la Argentina, lo que permitiría tornar sustentable el modelo, es reveladora.
Volviendo al ejemplo de la economía doméstica, el crédito al que accede la familia en aprietos soluciona apenas coyunturalmente el problema. Pero en los meses siguientes lo agrava, porque esa familia a la que el sueldo no le alcanzaba al momento de pedir el crédito, menos le alcanzará en lo sucesivo porque además de los gastos que ya tenía, deberá atender los nuevos derivados del pago del capital prestado más los intereses.
En la economía nacional, mientras en 2016 el pago de intereses de la deuda fue del 2,3 por ciento del PBI, este año alcanzará el 3 por ciento y se estima que estará, siendo optimistas, en el orden del 3,5 por ciento el año que viene.
El desafío, como cualquier ciudadano comprenderá, es o reducir los gastos o incrementar los ingresos, de modo que el déficit deje de existir en el futuro.
Reducir los gastos tiene un límite. Es posible hacerlo con erogaciones superfluas o postergables, pero no con el financiamiento de políticas estatales de alto impacto social. Es decir, se pueden reducir viáticos, pero no el presupuesto en salud, educación o asistencia social, por citar solo algunos ejemplos.
A nivel macroeconómico, preocupan los resultados de la política en materia de comercio exterior. Mientras las exportaciones continúan estancadas o cayendo, las importaciones crecen a un ritmo del 20 por ciento anual. Conclusión: el déficit comercial en los primeros siete meses del presente año acumuló u$s 3.427,6 millones y marcó un récord en la historia económica argentina, pues es el más elevado desde 1910.
La única manera de atacar con éxito y sin costo social el déficit es generar las condiciones para liberar las energías productivas que permitan un crecimiento de la economía y un desarrollo sustentable.
Volviendo al ejemplo doméstico: los integrantes de la familia en apuros deberían generar nuevos ingresos o incrementar los ya existentes para lograr el equilibrio. La solución no es, que duda cabe, sacar a los chicos de la escuela o dejar de pagar los remedios de la abuela.