Uno de los anuncios del gobierno nacional que generó en esta región más expectativa en el momento de su asunción fue la implementación del denominado Plan Belgrano.
Uno de los anuncios del gobierno nacional que generó en esta región más expectativa en el momento de su asunción fue la implementación del denominado Plan Belgrano.
La idea del plan fue lanzada luego de la pobre elección de Cambiemos en el norte argentino en el marco de las PASO de agosto del año pasado. Para concitar mayor adhesión en los votantes de las provincias del NOA y NEA, antes de las elecciones generales se anunció que, en caso de que Mauricio Macri ganara los comicios presidenciales, se pondría en marcha este proyecto que prevé la inversión, en obras de infraestructura y otros programas de índole social, de 15.000 millones de dólares en el lapso de diez años.
A juzgar por el notable incremento del caudal de votos, en comparación con las PASO, hacia el candidato del Pro, la promesa de campaña tuvo una buena aceptación en las provincias norteñas.
Desde el diez de diciembre hasta la actualidad no han cesado los anuncios, cada vez que se habla de la realidad de postergación de la región, respecto de la inminente implementación del Plan Belgrano.
Pero quizás el déficit más grande de este plan, a seis meses del comienzo de la gestión, es que no hay demasiadas precisiones respecto de cuáles son los proyectos que se ejecutarán provincia por provincia, quiénes son los actores políticos o sociales que deciden qué obra se ejecutará y qué obra no, es decir, las prioridades provinciales; y cuáles son las fuentes de financiamiento, entre otros interrogantes nunca revelados convenientemente.
Es más, algunos emprendimientos que fueron anunciados por el propio presidente Macri como incluido en el Plan Belgrano son financiados por créditos del Banco Mundial contraídos durante el gobierno nacional anterior.
A medida que pasa el tiempo da cada vez más la impresión de que el plan no arranca, y que sigue siendo un enunciado más que un proyecto concebido mediante los criterios racionales de la planificación estratégica.
Hace pocos días, José Urtubey, dirigente de la Unión Industrial Argenta y hermano del gobernador de Salta, planteó la necesidad de conocer, a fondo, cómo se instrumentará el plan Belgrano. "Queremos saber cuáles pueden ser los avances y, en definitiva, la hoja de ruta sobre las obras que se proyectaron”, indicó.
El presidente de la Cámara Salteña de la Construcción, Juan Carlos Segura, fue mucho más audaz: "El plan Belgrano es un verso”, dijo, añadió que no conocen ni un solo proyecto concreto y lamentó que José Cano, titular del Plan, no tenga "ni escritorio”.
A medida que pasan los días y el diseño del mentado plan no aparece nítidamente, la inquietud se incrementa en las provincias, que aguardan con gran expectativa una inyección de capitales que active la parada obra pública y remueva las restricciones que impiden el desarrollo de las economías regionales. Las autoridades nacionales deberían empezar a mostrar avances concretos o al menos a poner plazos para que éstos se hagan evidentes.
De no ser así, aquella idea que contribuyó a un éxito electoral puede convertirse, en los comicios de medio término, en un argumento que tenga el efecto contrario.