jueves 7 de mayo de 2026
EDITORIAL

Ansiedades del 2017

Por Redacción El Ancasti

Pocas iniciativas gubernamentales han generado tantas expectativas en la región norte del país como el denominado Plan Belgrano.

Se sabe que el Norte Grande argentino –NOA y NEA- es la región históricamente más postergada del país y el anuncio de un plan multimillonario de infraestructura y de desarrollo social orientado a las diez provincias que la integran, formulado en plena campaña electoral de 2015, generó muchas y justificadas esperanzas.

El primer año del Gobierno nacional concluye en poco más de un mes y el Plan no termina de arrancar. Y varias de las obras inauguradas en la región venían siendo ejecutadas por -o tenían financiamiento del- anterior gobierno nacional. De modo que las ansiedades se han trasladado al año que viene, el primero con presupuesto elaborado por la gestión de Cambiemos.

Al momento de presentar el proyecto de Presupuesto en el Congreso, el ministro de Hacienda de la Nación manifestó que los fondos destinados a obras del Plan Belgrano para el 2017 serían de 95.000 millones.

Sin embargo, la suma de las obras que se prevén realizar en las provincias incluidas en el mencionado plan -Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa y Santiago del Estero- apenas llega a los 40.000 millones, adicionando a la inversión directa otras transferencias de fondos. Es decir menos de la mitad de lo prometido por Alfonso Prat Gay en aquella recordada alocución.

Lo exiguo de esta cifra no guarda relación con la presunta preocupación del Gobierno nacional por destinar recursos al desarrollo sustentable norteño. Para muestra, basta la siguiente comparación: toda la inversión destinada a las diez provincias es menor a una sola obra a realizarse en la ciudad de Buenos Aires: el soterramiento del Ferrocarril Belgrano, que costará 45.000 mil millones.

Uno de los problemas del Plan Belgrano es que no hay un listado preciso en el que consten las obras y acciones que están incluidas, en qué provincias se ejecutarán o llevarán a cabo, cuál es la inversión aproximada y cuál el plazo de ejecución. Para subsanar este déficit, otro ministro que concurrió al Congreso, en este caso Rogelio Frigerio, prometió incluir en el proyecto de presupuesto un anexo con el desagregado de las obras previstas. Pero eso finalmente no sucedió, lo que complica el control y seguimiento del plan.

Pero tal omisión será reparada si es que prospera el pedido del propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, quien le solicitó al responsable del Plan, José Cano, que apure la elaboración de un tablero de comando que permita acceder a información en tiempo real del proceso de ejecución de cada proyecto.

Bueno sería que este tablero sea accesible a toda la población, para que el control sea colectivo. La información de calidad sobre la ejecución de las políticas públicas evita especulaciones, dudas y desconfianzas, y al mismo tiempo restringe la avezada capacidad de los gobernantes para proyectar emprendimientos que a veces no se cumplen.

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