Entre las tantas preocupaciones que invaden la realidad educativa en la actualidad se encuentra la de la pérdida de la autoridad docente. Este deterioro se manifiesta de muchas maneras, pero particularmente a través de la indisciplina que campea en las aulas y en las dificultades que encuentran maestros y profesores para restablecer el orden y lograr que los estudiantes acaten las normas más elementales de convivencia.
Para quienes transitaron la vida escolar en otras épocas, el contraste es muy notorio. Décadas atrás, los actos de indisciplina eran la excepción, y la regla la marcaban estudiantes que guardaban el orden en el momento en que los profesores dictaban los contenidos.
Las quejas incluyen a algunos padres, que en vez de acompañar las decisiones de sancionar las transgresiones graves, terminan "solidarizándose” con sus hijos y confrontando con los docentes.
Este y otros temas relacionados fueron abordados en nuestra provincia por Gustavo Galli, coordinador nacional de Programas para la Inclusión Democrática en las Escuelas, que días pasados presentó en la provincia la guía Federal de Orientaciones con capacitaciones para los docentes.
Galli dejó en claro la necesidad de repensar la autoridad del docente, ya que "no es más como antes, que el docente por el solo hecho de ser docente tenía autoridad y era respetado. Por ello, la autoridad de hoy la tenemos que construir con actos en el día a día con los grupos”.
El especialista sostiene que el docente tiene la obligación de poner límites. Y asegura que aquellos que no lo hacen y no quieren trabajar "no son reconocidos por los chicos”. Según parece, alude en esta reflexión a aquellos docentes que, ante la adversidad que representa manejar un aula en la que los niños o jóvenes tienen una actitud indiferente o, peor aún, desafiante, optan por darse por vencido rápidamente, sin realizar los esfuerzos necesarios para tratar de encauzar la situación. "Los profesores que son reconocidos como buenos profesores son aquellos que les ponen límites y los hacen trabajar”, sostiene Galli.
Señala, además, que los conflictos son naturales en los espacios de la educación. "Donde hay más de una persona en una escuela habrá conflictos, y es natural que haya conflicto. El tema no es que lo haya, sino cómo se lo resuelve, o muchas veces cómo los problemas se ignoran o se trata de separarlos en vez de resolverlos y esto trae aparejado muchas veces que el conflicto salga a la luz por otra vía que muchas veces tiene que ver con respuestas en forma violenta. Cuando no se asume que en las escuelas hay conflictos, termina saliendo por el camino que uno no quiere que salga, que es por la violencia y el desborde”.
Las dificultades que debe enfrentar la educación –en definitiva- no son muy diferentes de las que existen en la sociedad, ámbito donde también se evidencia una crisis de autoridad. Pero no parece sensato esperar la resolución de la dimensión social del problema para que la escuela aborde el tema. La clave es no esquivarle a los conflictos, sino enfrentarlos con las herramientas pedagógicas adecuadas.