viernes 27 de mayo de 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

El planeta se vuelve hostil

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
16 de septiembre de 2006 - 00:00
Aunque un viejo consejo advierte que la concentración en otro problema distinto del que momentáneamente preocupa puede servir como vía de escape liberadora, difícilmente ello se cumpla cuando el supuesto asunto salvador es de naturaleza más grave que el que se quiere ensordinar.

Pero el consejo está, y habrá que creer que si pudo sostenerse a través del tiempo ha de haber sido por el peso de su verdad, por más que es de sobra sabido que los axiomas tradicionales no siempre resultan confirmados por la experiencia.

El lector sabrá a qué atenerse ante la propuesta de hoy de dejar a un lado las inquietudes que la crisis -las crisis, en realidad- promueven en estos días, para poner la atención en esa otra historia que es la evolución del planeta, historia que el hombre también empuja y de la que es a menudo indefensa víctima. Esa capa presuntamente menos significativa de la realidad asume, en ocasiones, protagonismos que desplazan hasta las cuestiones que habitualmente se juzgan de primera importancia. Ocurre cuando se producen desbordes que se manifiestan como movimientos sísmicos, como erupciones volcánicas, como inundaciones, como tornados y huracanes, como lluvia desmesurada y como sequías exterminadoras.

“La Nación” de ayer advierte que “el hielo perenne del Ártico se redujo 14% en sólo un año”, y este solo dato alcanza para entender que el calentamiento del planeta avanza y que ello es promesa de dificultades tanto futuras como presentes.

El fenómeno puede medirse más fácilmente, si se considera que el área de los hielos ya perdidos equivale a 720 mil kilómetros cuadrados, una superficie en que cabría dos veces y un cuarto la provincia de Buenos Aires. La nota del diario destaca que “lo nuevo y sorprendente, para los científicos, es que la reducción se observó tanto en invierno como en verano”. También indica que “la extensión del hielo perenne -que permanece congelado durante todo el año, incluso en verano, y comprende una capa de unos tres metros de profundidad- mostró la mayor reducción registrada desde mediados de la década del 70, cuando comenzaron a realizarse este tipo de mediciones satelitales”.

“Un planeta con menos hielo -observa un científico citado por “La Nación”- se calentará mucho más rápido y se amplificará todavía más el impacto por el calentamiento global”. Una idea de la aceleración del deshielo surge de este dato: en los últimos treinta años el hielo del Ártico se había reducido entre un 10 y un 15%, en tanto que durante el último año esa disminución llegó al 14%.

No es descabellado temer el incremento de catástrofes naturales. Un informe científico señala que “los cambios son rápidos y espectaculares, y si la situación se mantiene y desaparece en verano el hielo estacional del Ártico, se abriría una enorme extensión, con un fuerte impacto sobre el ambiente, el comercio y el transporte”.

Sobre el efecto entre las especies animales, se apunta que “si el hielo continúa derritiéndose, resultará devastador, en particular para los mamíferos marinos”, porque la pérdida del hielo invernal durante el verano implica material de crecimiento crucial para el plancton, último eslabón de la cadena alimenticia del océano. El fenómeno podría llevar a los osos polares a buscar su alimento en tierra firme, si continuara la tendencia que se observa hoy.

Del cambio climático derivado del calentamiento de la Tierra ya hay demasiadas manifestaciones que se pueden percibir también aquí. La reducción de la estación fría y el alargamiento del período de calor intenso, como así también la sequía y su gravitación sobre la disponibilidad de agua potable y energía eléctrica son evidencias de que la Naturaleza se vuelve crecientemente hostil.

Si el viejo consejo fuese certero, tal vez fuese porque un problema de tamaño planetario podría, quizá, reducir la impresión de la gravedad de las inquietudes habituales. Pero esto equivaldría a burlar el sentido común, según el cual dos problemas no pueden pesar menos que uno solo.

Seguí leyendo
LO QUE SE LEE AHORA
Quejas. Una turista de Buenos Aires cuestionó el servicio en el complejo de Las Termas de Fiambalá.

Te Puede Interesar