Testimonio de uno de los sobrevivientes de la Tragedia de El Rodeo
“Gracias a la Virgencita del Valle la estoy contando”
Rodolfo Carrizo contó cómo fue la dramática noche que vivió hace cuatro años, cuando se salvó milagrosamente del alud de barro que arrasó parte de la villa veraniega.
Rodolfo Carrizo tiene ahora 69 años y fue uno de los sobrevivientes de la tragedia de El Rodeo.
El hombre, sanjuanino pero radicado en Catamarca, relató que cuando el alud llegó estaba adentro del auto, en frente del camping municipal, pero pudo escapar antes de que el torrente mortal se llevara todo.
“Cuando se vino el alud yo estaba adentro del auto. Fue de locos. Había cuarenta o cincuenta autos en el camping y no quedó ninguno. Todo se llevó: el bar, el pool… todo”, relata
“De repente se largó el agua, se levantó viento y al rato se vino el alud. No nos dio tiempo a nada. No hubo ninguna alarma, nadie nos dijo nada. Era un ruido impresionante el que provocaba las piedras dando vueltas”, recuerda.
“Yo me salvé porque las piedras se empezaron a acumular a un costado del río. Aun recuerdo los gritos que se escuchaban de mujeres, chicos, gente grande”, añade..
Dice que “la ayuda a nosotros nos llegó como dos o tres horas después. Llegaron baqueanos con linternas y nos llevaron a una casa que estaba arriba de la loma. Estuvimos ahí como hasta las tres de la mañana, y después nos querían llevar a la escuela, pero mucha gente no quería ir porque tenía miedo de salir. Además, en la escuela ya no había lugar para nadie”.
“Yo sí quería ir –señala- porque quería ubicar a mis nietos y a mi hija, que habían ido al recital de Abel Pinto y no sabía qué les había pasado. Caminamos un poco, y hasta perdimos las zapatillas en el barro. Después llegamos a la policía, en el segundo puente, y nos subieron a un camión. Había una oscuridad bárbara. Yo gritaba el nombre de mis nietos, de mi hija. Era una desesperación bárbara y no los podía encontrar. Cuando por fin los encontré, nos abrazamos llorando. Fue una emoción terrible”.
Finaliza: “Yo todo el tiempo me aferré a la fe. Tenía una estampita de la Virgencita del Valle en el parabrisas del auto. Yo le pedía que nos salve. Gracias a ella lo estoy contando.