jueves 26 de mayo de 2022

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Editorial

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23 de enero de 2022 - 00:00

Desde que el renombrado premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz aseguró que Argentina hoy estaba en presencia de “un milagro económico”, solo recibió repercusiones negativas de sus colegas, además, por supuesto, de los sectores opositores al gobierno nacional.

Stiglitz había realizado tales apreciaciones en una columna escrita hace una semana para Project Syndicate. Allí argumentó que el Gobierno del presidente Alberto Fernández implementó políticas favorables al crecimiento que originaron una recuperación en el contexto de la pandemia. Como consecuencia, la economía se expandió un estimado de 10% el año pasado, casi el doble de la tasa esperada para Estados Unidos, dijo.

“El Gobierno del presidente argentino, Alberto Fernández, parece haber logrado un milagro económico tras el desorden que heredó a fines de 2019”, subrayó Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York y mentor del actual ministro de Economía, Martín Guzmán.

Willem Buiter, colega del Nobel y también profesor de Columbia, escribió junto a Anne Sibert de Birkbeck, de la Universidad de Londres, un ensayo que apuntó a desacreditar la columna de Stiglitz. “Desde nuestro punto de vista, el país se dirige hacia otro desastre económico. Su recuperación apenas ha sido lo suficientemente fuerte como para compensar otras deficiencias”, señalaron.

En su análisis, Stiglitz había omitido aspectos de la economía argentina que para la mayoría resultan insoslayables a los efectos de entender mejor la situación. Por caso, la recuperación debería ser analizada desde el punto de vista de la base deprimida de la economía en 2019 y luego en los dos años siguientes; es decir, buena parte del repunte es sencillamente resultado de la reapertura de algunos sectores de la economía que bajaron sus persianas cuando llegó la pandemia.

Por otro lado, Stiglitz tampoco profundizó en otros aspectos de la economía real, tales como el hecho de que la inflación superó el 50%, la pobreza y la informalidad se dispararon, las reservas de divisas están disminuyendo, el Gobierno impone estrictos controles monetarios y no tiene acceso a mercados internacionales de deuda.

“Hemos leído con desconcierto su artículo”, tuiteó Federico Sturzenegger, expresidente del Banco Central en el gobierno de Mauricio Macri, y aseveró que los “argumentos falsos” de Stiglitz no ayudan. Para el politólogo Andrés Malamud, profesor de la Universidad de Lisboa, Portugal, el verdadero “milagro es el Nobel”, dijo en un tuit.

Finalmente, Stiglitz admitió que el uso de la palabra “milagro” fue lo que desencadenó la controversia. “Tal vez fue demasiado fuerte”, dijo cuando se le preguntó sobre su descripción de Argentina. “Si uno usa esa palabra, abre las puertas a la crítica”, agregó.

Pero, en realidad, Stiglitz es un viejo amigo de los políticos argentinos. Tiene, claro está, una predilección marcada por el modelo populista del kirchnerismo, pero también estuvo a disposición de otros peronistas en el pasado. Fue el caso del exintendente de Andalgalá José Perea, quien lo tuvo sentado a su lado en un hotel de lujo en Buenos Aires en los tiempos en que recibía cientos de miles de dólares por las regalías de Bajo Alumbrera y los gastaba en su marketing político. Stiglitz era el economista de moda por su flamante Nobel. Ya entonces estaba claro que el prestigio académico tenía su tarifa.

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