viernes 10 de abril de 2026
Editorial

El ausentismo como síntoma

El crecimiento del ausentismo escolar en la Argentina se ha convertido en una señal de alarma que el sistema educativo no puede ignorar. Los datos relevados por especialistas a partir de las pruebas PISA y Aprender configuran un fenómeno persistente que compromete tanto el presente pedagógico como el futuro social del país.

Aunque la información disponible corresponde al período 2022-2024, no existen indicios que permitan suponer una reversión significativa en los últimos dos años. Por el contrario, todo sugiere que la tendencia se ha mantenido, consolidando el deterioro. Según el informe “Ausentismo: ¿qué sabemos acerca de cuánto faltan los estudiantes de secundaria?”, elaborado por Argentinos por la Educación con autoría de Bruno Videla, Martín Nistal y Eugenia Orlicki, el ausentismo en escuelas secundarias -medido bajo el criterio de alumnos que registran 15 faltas o más durante el ciclo lectivo- pasó del 44% en 2022 al 51% en 2024.

El fenómeno no reconoce excepciones territoriales, pues el incremento se verifica en las 24 jurisdicciones del país. Incluso provincias como Catamarca, que se mantienen por debajo del promedio nacional, no escapan a la tendencia. En nuestra provincia, el ausentismo creció del 26% al 35% en apenas dos años.

Las consecuencias son múltiples y de gran alcance. En lo inmediato, la discontinuidad en la asistencia afecta los procesos de aprendizaje, debilita la construcción de hábitos escolares y eleva los riesgos de repitencia y abandono. Pero el impacto no se agota en la trayectoria educativa. Como advierte el propio informe: “A corto plazo, el ausentismo tiene efectos negativos inmediatos sobre el desempeño académico, el riesgo de repetición y abandono, el desarrollo social y emocional de los niños y las probabilidades de finalización de la educación media. A más largo plazo, el ausentismo se ha correlacionado con mayores niveles de desempleo y menores ingresos económicos en edad adulta”.

El ausentismo escolar no es solo un síntoma del sistema educativo, sino también un reflejo de las tensiones sociales. El ausentismo escolar no es solo un síntoma del sistema educativo, sino también un reflejo de las tensiones sociales.

Comprender las causas resulta indispensable para dimensionar la complejidad del problema. El documento identifica como factores predominantes los problemas de salud, la falta de motivación para asistir a la escuela y las dificultades de acceso, especialmente vinculadas al transporte. Sin embargo, también emergen razones que remiten directamente al deterioro socioeconómico: estudiantes que deben cuidar a familiares, trabajar o colaborar en tareas domésticas.

El ausentismo escolar es, por definición, un fenómeno complejo y multicausal. En él convergen factores pedagógicos, institucionales y sociales que exigen una respuesta integral. Pretender abordarlo exclusivamente desde el ámbito educativo implica desconocer la trama de desigualdades que lo alimenta. La escuela, por sí sola, no puede revertir una problemática que también se origina fuera de las aulas.

La magnitud del desafío obliga a repensar las políticas públicas en clave sistémica. Recuperar la centralidad de la escuela como espacio de aprendizaje y contención requiere no solo mejorar las condiciones pedagógicas, sino también atender las restricciones materiales que impiden a muchos estudiantes estar presentes. En definitiva, el ausentismo no es solo un síntoma del sistema educativo, sino también un reflejo de las tensiones sociales que lo atraviesan.

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