El odio se dio vuelta e indujo la conformación de una mayoría demoledora contra Javier Milei en el Senado.
El odio se dio vuelta e indujo la conformación de una mayoría demoledora contra Javier Milei en el Senado.
El reclamo unánime de los gobernadores por la coparticipación de los ATN y la mayor parte del Impuesto a los Combustibles sintonizó con las leyes a favor de los jubilados para reunir a más de los dos tercios de la totalidad de los integrantes del cuerpo tras un objetivo común. Algo similar, aunque menos erosivo y holgado, había ocurrido apenas en abril con el rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, designados por decreto en la Corte Suprema de Justicia: el rechazo a García Mansilla juntó 51 voluntades, el de Lijo 43.
La convergencia entre degenerados fiscales y ratas parlamentarias es circunstancial, pero subraya el agravante de la fragilidad congénita del orden libertario. El problema no radica tanto en la anemia parlamentaria del oficialismo como en la reticencia a atemperarla estableciendo un sistema de relaciones sensatas con los actores del sistema político.
La dinámica es borgeana: al odio, argamasa dilecta de las Fuerzas del Cielo, se le opone el espanto de los odiados.
Dos tercios del Senado es la mayoría que se requiere para la destitución del Presidente en caso de prosperar una acusación de la Cámara de Diputados. Se ha reunido en dos oportunidades en el lapso de solo cuatro meses, en ambos casos debido a una intransigencia mesiánica que Milei propala a pura e indiscriminada vejación.
Tal vez le aproveche ver “El Padrino”: “Nunca odies a tu enemigo; afecta tu juicio”, le recomendaba Don Vito Corleone a su visceral primogénito Santino, que termina acribillado.
O dejar por un rato la Escuela Austríaca y entretenerse con la sabiduría popular: ten cuidado con quien pisas al subir, porque te lo encontrarás al bajar.
Una constelación de tribus
Las Fuerzas del Cielo se sostienen en el desconcierto del arco opositor. Es la fragmentación política acelerada por el eclipse de los liderazgos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri lo que le facilita a Milei neutralizar su insignificancia en el Congreso.
Macri perdió la Ciudad de Buenos Aires y sufre una sangría de dirigentes que acentúa el colapso de la deserción de los gobernadores de Juntos por el Cambio. CFK, presa, enfrenta la rebelión de Axel Kicillof en Provincia de Buenos Aires y la indiferencia de los caudillos peronistas a la campaña “Cristina Libre”.
No hay en este momento figuras opositoras con poder suficiente para articular una fuerza competitiva de alcance nacional. Lo que en las elecciones de 2023 compitió bajo las denominaciones de Unión por la Patria y Juntos por el Cambio se hizo añicos en una constelación de facciones y tribus provinciales, capitaneadas por caciques que eventualmente pueden coincidir pese a tener intereses diversos y muchas veces contrapuestos.
En la última sesión del Senado, el frente armado por los gobernadores para recuperar los ATN y las porciones del Impuesto a los Combustibles arrebatadas por la Nación conectó con la representación inercial del kirchnerismo, que retiene la primera minoría.
La coparticipación de los ATN y los Combustibles todavía debe ser aprobada por la Cámara de Diputados. El paquete jubilatorio y la emergencia en Discapacidad ya son ley.
Milei anticipó el veto, la judicialización si no logra vetar y, llegado el caso, anular todo en diciembre, cuando se produzca la renovación parlamentaria.
No se propone revertir la descomposición del ecosistema político, sino estimularla y reinar sobre ella.
Detrás de las manifestaciones de su entorno, hay un indicio menos evidente de esta línea estratégica: las relaciones con los gobernadores para tratar de que su poder de veto prevalezca son clandestinas.
Convendría evaluar el impacto que tienen tales alquimias sectarias en la credibilidad del país. Quizás sus perjuicios sean más profundos que los beneficios devenidos del sacralizado superávit fiscal, que según la Oficina de Presupuesto del Congreso dejó de ser tal en junio, antes de que el Senado enviara su contundente señal.
En otras palabras: si el odio a la casta constitutivo de La Libertad Avanza no ha agotado su ciclo y comienza a evolucionar del aislamiento hacia un peligroso vacío.
Gangrena
La descomposición incentivada por la Presidencia gangrenó al propio oficialismo. La vicepresidenta Victoria Villarruel es el síntoma más notorio de esta patología, hija de un desmesurado culto a la personalidad.
Tras el impacto de la sesión del Senado, Milei la condenó como “traidora” por primera vez públicamente por haberla presidido, en la estela de unas críticas abiertas por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, conversa contumaz.
El intercambio entre Villarruel y Bullrich fue un atractivo round aparte en la jornada, pero la vicepresidenta aprovechó los ataques de las jaurías virtuales para confrontar directamente con Milei. Le alcanzó con responder los improperios que le dedicaron para salir del ostracismo al que la someten el presidente y sus cohortes, con varios agregados: respaldó explícitamente lo sancionado por los senadores, metió el cuchillo en los gastos superfluos del “Triángulo de Hierro” y apuntó a la hermanísima Karina Milei, exclusivo y excluyente sostén anímico del jefe de Estado.
“Si hay equilibrio, entonces asistir a los más desprotegidos no debería ser tan terrible. El tema es que un jubilado no puede esperar y una discapacitada, menos. Que ahorre en viajes y en la SIDE y listo”.
"Un presidente que no puede ni saludar a la persona con la que llegó al poder. Hacele el reclamo a él que yo la educación no la pierdo nunca".
"No sé por qué no puso a la hermana o a la limones (por la diputada Lilia Lemoine) que a ustedes les gustan tanto".
"(Viajo) en avión de línea, no un avión privado. No uso aviones del Estado, esos los usan Milei y su hermana".
"¿En serio yo me corrompo viviendo en mi depto y de mi sueldo? ¿O se corrompe más quien viaja por el mundo, mete familiares, vive en un palacio y no sale de ahí para ver cómo la pasa la sociedad?".
Solo le faltaron los escándalos de la cripto LIBRA y las valijas.
Los indiscriminados agravios que el presidente desparrama son el único denominador común permanente que reconoce la dispersa oposición. Podrán los antagonistas de las Fuerzas del Cielo disentir en todo, pero ninguno ha sido privado de los imaginativos vilipendios del caudillo.
El partido de los odiados por Milei sería todo un éxito.