jueves 26 de marzo de 2026
Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Ciclos

Por Rodrigo L. Ovejero.

Uno va por la vida cumpliendo años de manera irresponsable, y a fuerza de mantenerse con vida mientras el planeta da vueltas alrededor del sol va aprendiendo cosas, algunas más interesantes que otras. Yo, por ejemplo, he advertido que la vida muchas veces se compone de ciclos.

A fines de los ochenta y principios de los noventa, cuando todavía era un niño, salíamos de vacaciones con mi familia, en largos viajes en auto. Éramos cuatro hermanos y los autos, como es costumbre aún hoy, tenían tres cinturones de seguridad en las plazas traseras. Mis padres se enfrentaban entonces a un dilema delicado: ante la escasez de cinturones debían elegir al hijo que menos prometía o con el que menos se habían encariñado para dejarlo a merced de la fuerza de gravedad en caso de un accidente. Ese era yo. Pero como todavía la muerte no ocupaba un lugar preponderante entre mis preocupaciones, lo que realmente aborrecía de aquellos viajes era pasar miles de kilómetros escuchando la música que mi papá elegía. A día de hoy presumo de un conocimiento enciclopédico del folklore argentino, adquirido en horas interminables de escuchar a Los Carabajal, el Dúo Salteño o Los Tucu Tucu mientras los paisajes se sucedían por la ventanilla.

En mis momentos más osados me atrevía a pedirle a mi papá que cambiara la música. Cuando tenía suerte, mi pedido era simplemente ignorado. Viajamos mucho por aquellos años y nunca, ni una sola vez, escuché una canción elegida por mí.

Pero como he dicho, la vida se compone de ciclos. Ahora me toca a mí conducir y la regla es que yo elijo la música. Es todavía peor para mis hijos, pues pertenecen a una generación en la que la variedad en el entretenimiento es prácticamente infinita e instantánea (lo que no les ayuda a ejercitar la paciencia). Yo, al menos, estaba acostumbrado al tedio. Es así que durante los viajes en auto están cultivando un sano odio hacia The Black Crowes, Guns N’ Roses, The Cure etc. A veces incluso me piden que cambie la música, a lo que respondo con una negativa tiránica, solazándome en mi autoridad paterna, que me permite someterlos a mis gustos musicales del mismo modo que mi papá lo hizo conmigo.

No lo saben todavía, pero la vida se compone de ciclos. Con suerte, en dos o tres décadas más conocerán a una persona especial, se enamorarán y harán su parte en pos de la perpetuación de la especie. Tendrán un trabajo, alguna ocupación con la que se ganarán la vida y periódicamente sentirán la urgencia de salir de la rutina y viajar lejos de donde vivan. Se sentarán al volante y pondrán música (hay gente que viaja sin música, les llaman psicópatas) y sus hijos a su vez les reclamarán escuchar otras canciones. Entonces recordarán los trayectos infinitos en el asiento trasero, a merced de mi despotismo, y entenderán que la vida se compone de ciclos.

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