lunes 6 de abril de 2026
JUAN CARLOS RODAS

"Siempre me la rebusqué y conseguí la moneda"

Rodas era un mozo "como los de antes". Iniciado antes de los 20 años en el tradicional bar Richmond, pasó por otros lugares que hoy viven en la memoria de los catamarqueños y terminó sus años activos en La Farola, para después dedicarse a la actividad gremial. Peronista desde joven y fanático riverplatense, cuenta sus recuerdos a Revista Express.

“Comencé trabajando en el viejo Richmond, en el 73-74. Al lado había un local de cosas dulces y con los changos cambalacheábamos cosas dulces por sándwiches. Tenía 18 años, era el mozo más jovencito. En ese tiempo las mesas llegaban hasta el Banco Hipotecario, a mí me daban las que estaban más lejos porque era el más joven, entonces andaba mucho. Nunca me olvido del día que mataron a los changos en Capilla del Rosario, y después llegó Nakagama y todos lo aplaudían, lo felicitaban (NdR: refiere a la Masacre de Capilla del Rosario, el 12 de agosto de 1974, y a Mario Nakagama, el subteniente del Ejército). Siempre fui buscando la moneda, porque tuve una infancia muy pobre, y cuando empecé a ver plata quería más. En ese momento el dueño me llamó porque era flaquito, me la rebuscaba. Éramos cinco o seis mozos por turno, trabajábamos desde las 8 a las 3 de la mañana y se vendía todo”, recordó Rodas.

Trabajando en Richmond, incursionó en otros servicios particulares. “El jefe me mandó en ese momento a hacer un servicio privado, y me prometió que si me portaba bien me iba a comprar la ropa de mozo. Fuimos a "Corsario", por la calle San Martín, a una fiesta íntima, con 10 o 20 personas, algunas autoridades muy importantes de la provincia. Me llevaban preso si contaba las cosas que vi”, cuenta y se ríe. Así trabajó mañana y tarde. “Hasta que en el ‘78 me llamaron de "Cristal" (quedaba en la esquina de República y Rivadavia), un restaurante im-pre-sio-nan-te. Ahí me pagaban un porcentaje, hice una buena diferencia. De ahí me iba a hacer varias temporadas de verano de mozo a Mar del Plata. Siempre buscaba la moneda. Después volví, quedé en La Farola y me quedé ahí. Trabajé 35 años en esa esquina. Antes de que cerraran yo estuve de licencia gremial, me acuerdo que no querían que me fuera”, contó.

En La Farola fue el lugar donde atendió a muchísimas personalidades destacadas. “Desde Panam, Ricardo Darín, Los Chalchaleros, el Dúo Coplanacu, pasando por jueces desde el caso María Soledad, muchísimos actores y músicos. Ahí también me hice mozo de Ramón "Chucho" Salman, me llevaba a Las Juntas y yo le hacía y le servía el asado para sus amistades. ¡Qué buena persona! También trabajé en el bar del Hotel Ancasti, trabajé con muchísimos changos que ya no viven más. Soy el último mohicano”, dijo.

Militancia política

Desde joven militó en causas peronistas. “Yo era un revolucionario más, estaba donde había una marcha. Estuve en el Catamarcazo y me llevaron preso con 15 años, andaba con los bombos en la cancha de Atlanta (en el acto de Vicente Saadi, en 1983). Estuve cuando llegó Perón, y cuando murió también, nos fuimos en tren, cagándonos de frío”, recordó.

Durante su infancia, aseguró que fue como un “un montonero junior”, sin saberlo. “Yo me enamoré de una mujer de la vida, que trabajaba en un prostíbulo, por la Güemes abajo, en la famosa Chabela. Y una vuelta me llevan en un Ford Falcon verde, y me indagaban ahí cerca del cementerio. Querían saber quién llevaba droga, y yo nunca vi nada, yo iba a ver a mi novia. Me tuvieron como una hora y media. Y ahí me di cuenta de que todos los changos con los que me crié eran Montoneros”, contó.

Tiempo después, en 1976, “cuando la derrocaron a Isabelita nos agarra a nosotros viajando en un viejo Dodge yendo a San Juan a comprar vino en damajuana”. “Todo el viaje de regreso nos pararon los milicos”, recordó.

Fue por esa militancia política que se acercaría luego al gremio gastronómico, después de los 2000. “Trabajé con Luis Barrionuevo y con Juan Carlos Rojas. Conocí todo el interior, empapelamos todas las paredes. Con la gente de Chacarita aprendimos a hacer engrudo y anduvimos por todos lados”.

Texto: Peze Soria

Fotos: Ariel Pacheco y gentileza J.C. Rodas

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