No me parece que aporte reiterar que una medida como la dolarización implica resignar la política monetaria, el señoreaje de la emisión, la posibilidad de resolver problemas de brecha tecnológica, la existencia de un sistema bancario propio y la de un prestamista de última instancia, etc. etc., es tal vez una jerigonza casi imposible de asociar a lo que hoy nos pasa, aunque sea de suma importancia en ello.
La dolarización
Es un tema en boga y como es común en estos tiempos o se trata de manera superficial como una consigna o se lo aborda desde un tecnicismo inentendible, vaya en estas líneas un intento de traducción.
Está bueno establecer un orden desde el cual se opina y en ese sentido me parece que concurren en la explicación al menos tres dimensiones de análisis, la de lo social, la de la política y la de la instrumentación.
La dimensión social
La persistente inflación no solo ha minado los ingresos de los argentinos, sino que nos ha arrinconado en nuestra capacidad de pensar ante la frustración de que, lo hemos probado todo y nada funciona.
Que la inflación es un fenómeno monetario o multicausal, que la emisión, que los costos, que el grado de concentración empresarial, que el déficit fiscal y lo cierto es que el día a día es una pesadilla y que eso es culpa y responsabilidad del gobierno o de los poderosos de la economía (en algunas oportunidades son lo mismo), nunca es nuestra responsabilidad en cuanto trabajadores, consumidores o electores, sería demasiado gravoso para nuestra ya complicada existencia tener que cargar con esa parte de la responsabilidad.
En ese contexto, tendemos un puente inconsciente entre dolarización, convertibilidad y estabilidad, y eso es racional en términos de la relaciones que nos convienen, suponemos que el dólar nos va a dar estabilidad en los precios y que seguramente nos va transferir la condición de cuasi ciudadanos de EE.UU. con institucionalidad y todo, la traducción mental es que los pesos serán dólares y así se restablecerá la capacidad de compra, el mundo nos considerará un país serio trayendo hacia aquí la inversión extranjera.
Todo ello bien vale como excusa para sumarse a la quema del Banco Central como si fuera el pujllay.
La dimensión política
En nuestro país no parece estar muy clara la división de poderes, en ese lugar y tiempo de oquedad se mueven las instituciones tornándose incapaces de resolver los problemas más básicos de los habitantes y entonces para muchos de nosotros las leyes pasan a ser solo sugerencias.
Esto pone en tela de juicio el funcionamiento de la democracia como mecanismo institucional de gobierno, para transformarla en uno de características puramente electorales.
Los que se dedican a la política, viven claramente en un permanente micro clima electoral, incapacitados de pensar en términos estratégicos la resolución de la pobreza, el desarrollo científico tecnológico, el federalismo económico, etc.
Así, todo está permitido, todo vale, en un mundo sin reglas dominado por la incertidumbre es hasta racional el imperio de la violencia.
La instrumentación
Basta imaginar a un comprovinciano de Tatón, de El Cajón o del Acuña Isi, camino a algún despacho a cambiar sus pesos por dólares, recordemos que no habría Banco Central y difícilmente habría bancos de cualquier tipo.
O a un comerciante o a sus empleados tratando de hacer complejísimas cuentas para determinar el tipo de cambio equivalente según tenga en cuenta las reservas líquidas, o las leliquis, el CCL o algún otro activo o pasivo del BCRA que deba ser tenido en cuenta y así determinar los salarios o los precios.
Es técnicamente engorrosa, una medida social y efectivamente impracticable, no hay ningún ejemplo de país grande y diversificado como el nuestro donde se haya puesto en práctica.
Debería estar claro a esta altura que necesitamos primero revisar nuestro contrato social y dentro de él nuestro sistema monetario, nuestro sistema fiscal, nuestro sistema de protección social, etcetc, sin ello cualquier medida del corte propuesto es un salto al vacío y sin paracaídas.
Mientras tanto los mismos de siempre aprovechan el rio revuelto y sacan ventajas de la presión devaluatoria en la profecía autocumplida.
(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.