lunes 21 de noviembre de 2022

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Fundamentos de la Cámara de Sentencia Penal Juvenil

"Un robo que tuvo consecuencias gravísimas para la víctima"

Un joven fue condenado a seis años y seis meses de prisión por haber dejado casi ciego a otro joven en un robo.

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El pasado 8 de septiembre el juez de la Cámara de Sentencia Penal Juvenil Fabricio Gershani Quesada halló culpable a un joven de 20 años del delito de “robo agravado por resultar en lesiones gravísimas”. El hecho data de abril de 2019. Por entonces, el acusado –de 17 años- apedreó a otro chico de 15 para apoderarse de sus pertenencias. Como consecuencia de la violenta pedrada, el adolescente prácticamente quedó ciego.

En los fundamentos de la condena, el magistrado del fuero especializado remarcó que este hecho delictivo fue “un robo que tuvo como consecuencia lesiones gravísimas para la víctima”. A la vez, advirtió que el joven acusado era adolescente al momento del hecho. Por ello, las pautas de imposición y mensuración son distintas a las de las personas adultas, indicó.

“El joven acusado es responsable de un delito sumamente grave. El Tribunal se encuentra facultado a imponerle una pena de cumplimiento efectivo y, además, esa sanción penal resulta necesaria a los fines especiales del Régimen Penal Juvenil, sin perjuicio de que necesita del plan individual elaborado por el Equipo Especializado”, destacó. A diferencia del Derecho Penal de adultos, señaló, el acusado es un adolescente. “Es determinante, en la medida en que el derecho ha de tener especial consideración en que los adolescentes son sujetos en formación, insertos en un proceso de desarrollo madurativo y pedagógico, al punto tal que no tienen, a priori, idéntica capacidad de aquiescencia normativa como se postula para un adulto.

Ser parte ya de un principio de culpabilidad disminuida en la medida en que las posibilidades de autodeterminación son directamente proporcionales al grado de maduración del acusado y, claro está, el adolescente estaba e incluso ahora lo está, en proceso de maduración. La precedente consideración antropológica explica exhaustivamente las razones por las cuales los jóvenes menores de 18 años cuentan con un régimen penal diferenciado, un plus de garantías sustanciales y la posibilidad de un reproche punitivo más benigno”, detalló.

En este sentido, señaló, obran como pautas de mensuración en su perjuicio la naturaleza de la acción, un delito complejo que, si bien afecta la propiedad con el intento de robo, especialmente afecta la integridad física con las lesiones gravísimas que produjo. El magistrado indicó que el Régimen Penal Juvenil reafirma el carácter socioeducativo del proceso penal, la mínima intervención, la privación de la libertad (tanto la prisión preventiva como la pena privativa de la libertad) como último recurso y en establecimientos adecuados y diferenciados de los adultos, entre otras cuestiones.

Responsabilidad

“El acusado atacó aprovechando la nocturnidad, un descampado, sin luces. Atacó a un niño de 15 años, que no tuvo oportunidad de defenderse. Para lograr su cometido usó una piedra que produjo una lesión gravísima como la ceguera pero que tranquilamente pudo producir la muerte. Le fracturó el pómulo que debió ser reconstruido. Luego de pegarle con la piedra, volvió a atacar a la víctima que estaba tirada en la calle, dándole puntapiés y fracturando varias costillas. Muy lejos de tomar conciencia del gravísimo hecho que estaba cometiendo y sus consecuencias, volvió a tomar una piedra y se la arrojó a un remisero que intentaba evitar su fuga, poniendo en riesgo la integridad física del trabajador, nuevamente con desprecio sobre la integridad física de las personas. Sin dejar de mencionar que aseguró su fuga, ya que eligió un lugar descampado y la noche lo que le permitió internarse en el monte para escapar”, precisó.

Luego, indicó que tras el hecho delictivo, no mostró arrepentimiento alguno, todo lo contrario. A ello debe sumarse el daño causado, valoró, que va mucho más allá de las consecuencias propias de un delito tan grave, incluso más allá del resultado, pérdida de la visión, fractura del pómulo y fractura de costillas.

“El daño es inconmensurable. La víctima debió ser hospitalizada, intervenida quirúrgicamente en reiteradas oportunidades. Su vida cambió para siempre, con tan sólo 15 años y si hoy no es miserable, es producto del esfuerzo que hace su familia y de la entereza y hombría demostrada por la víctima para afrontar esta tragedia que injustamente le tocó vivir. Tuvo que hacer varios viajes a la provincia de Córdoba, con el costo que eso implica, el desgaste físico y emocional. La terrible sensación de ir perdiendo gradualmente la vista. El insoportable yugo de acostarse sin saber si al otro día podría ver a su madre y a sus seres queridos. Todo ello me inclina a imponer una pena que esté mucho más cerca del máximo posible que del mínimo legal”, consideró. El fiscal había solicitado una pena de siete años de prisión.

“El joven es responsable de lo que hizo pero no es menos cierto que desde que sucedió el hecho ha reencaminado su vida a través del estudio, el deporte y el trabajo, conforme surge de los informes socioambientales incorporados a la causa. Yo lamento que ese cambio no se haya producido antes de arruinar la vida de alguien o que el cambio sea producto del arrepentimiento o recapacitación o de la eficiente intervención del sistema, en el cual me incluyo, sino más bien del proceso de maduración alcanzada con la edad y las responsabilidades y cargas de familia”, sostuvo.

Además, el juez destacó que el Derecho Penal Juvenil es derecho penal en sentido enfático. Se parte del principio de responsabilidad, el cual exige, como en este caso, que el joven deba responder con una sanción penal. “El sistema tiene la obligación de contestar los gravísimos actos infractores del joven acusado con respuesta punitiva. En los hechos punibles graves como los cometidos por el acusado, en la medida en que generan profundos daños sociales y en las víctimas, la necesidad de sanción se deriva ya no de la buena o mala respuesta al tratamiento tutelar, sino del hecho mismo que ha sido imputado”, consideró.

Un fuero especializado

  • En los fundamentos, el juez Gershani Quesada dejó asentado que en el caso del joven condenado se tuvo en cuenta su edad, intentando fomentar su sentido de dignidad y valor a través del trato especial y especializado que se le brindó durante la investigación penal preparatoria, el debate oral e incluso la ejecución de la sanción especializada. “El principal objetivo es fomentar en el joven su sentido de la dignidad y el valor, que fortalezca el respeto del joven por los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de terceros, teniéndose especialmente en cuenta la importancia de promover la reintegración del chico y de que éste asuma una función constructiva en la sociedad”, indicó.

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