jueves 1 de diciembre de 2022

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Horrendos crímenes

Ahora buscan un tercer cadáver en la "Casa del horror" en Córdoba

Tras el hallazgo de los cuerpos de las dos mujeres asesinadas, se harán nuevas excavaciones. Buscan precisar qué pasó con el padre de las víctimas.

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CÓRDOBA - El trabajo fue arduo. Brutal, como todo en esta historia. A media mañana de este martes, a más de 36 horas de haber comenzado, los bomberos lograron hallar el cadáver de una de las mujeres. Un viejo aljibe, de más de 60 metros de profundidad, con un diámetro angosto, que de 1,5 metros se va estrujando hasta sólo 60 centímetros. Allí, los hermanos Isamel y Esteban Castro, de 21 y 24 años, intentaron esconder el espanto.

Todo indica que lo que se está descubriendo en el patio destruido de la precaria vivienda emplazada en Oscar Cabalén al 6500, barrio Autódromo, al noroeste de la ciudad de Córdoba, es sólo el capítulo final (o inicial) de una historia inimaginable.

Cómo se descubrió la "casa del horror"

Ester Castro (41), madre de los jóvenes, y su hermana Sara Castro (39) fueron asesinadas en la madrugada del sábado 24 de septiembre pasado, según la reconstrucción judicial que lleva adelante la fiscal Andrea Martín junto a un grupo especial de detectives de Investigaciones Criminales de la Policía.

Fueron los hijos de Ester (filiación que también se intenta precisar) los que las mataron a golpes y tiros en medio de una discusión cuyo origen aún no se conoce. La salud mental de los muchachos es clave en toda esta historia. A simple vista, los policías los describieron como discapacitados intelectuales. Cuestión que ahora será en el avance de la causa, ya que se analiza si son imputables o no.

A la hermana de los jóvenes, una adolescente de 17 años, la Justicia la acusa de haberlos ayudado a deshacerse de los cuerpos. Ella, ya habló ante los investigadores y contó toda la secuencia violenta de aquella madrugada.

Un relato, paso a paso, que entre el domingo último a la noche y la mañana de este martes se ha ido confirmando casi de manera lineal.

Una confesión que llegó el domingo, 24 horas después de que los tres hermanos y otros dos niños fueran sorprendidos por la Policía cuando caminaban, mochila al hombro, por el inicio del Camino de las Altas Cumbres, a la altura de Icho Cruz.

Dijeron que pensaban llegar a Mina Clavero, para pasar unos días de descanso. En realidad, escapaban del horror, hacia ninguna parte. ¿Realmente se puede huir de un espanto tan profundo?

La vivienda es una construcción precaria, venida abajo, sucia, revuelta. Apenas el domingo a la noche los policías comenzaron a rastrillar la casa, los vecinos ya hablaban de la "casa del horror". Aseguraron que Don Castro, que hace décadas llegó desde Quilino, era el verdadero padre de sus nietos, los ahora detenidos. Hablan de toda clase de abusos en un hogar a que nadie más ingresaba. A Ester y a sus dos hijos sólo la veían cuando salían para ir a un lavadero cercano, en el que trabajaban. Don Castro se encargaba de repartir el pan casero que vendían. Sobre el resto, nadie sabe qué hacían, de qué vivían, cómo se llamaban, si alguna vez fueron anotados en algún registro oficial.

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Los cuerpos de las hermanas asesinadas no habían sido descuartizados. Los jóvenes habían confesado que los arrojaron en el viejo aljibe y luego comenzaron a tirar, durante días, ropa, herramientas, restos de vehículos y todos los objetos que iban encontrando para descartar allí.

El sábado pasado, una semana después, decidieron irse a Traslasierra. Pero en el camino, fueron sorprendidos y no lograron dar explicaciones coherentes. Sí le dieron a los policías el número de teléfono de la madre de ellos, para que la mujeres les confirmaran a los efectivos que era verdad que ellos se estaban yendo de vacaciones. La mujer ya hacía una semana que estaba muerta, dentro del viejo aljibe. Tras varios intentos de dar con ella, los policías le pidieron a los jóvenes el número de teléfono de otro familiar. Y así, llegaron a un tío, que los fue a buscar y los llevó de regreso a la casa de barrio Autódromo. Fue en este viaje, que este familiar se enteró, de boca de los propios jóvenes, sobre lo que realmente había sucedido allí.

El domingo a la tarde, denunció todo ante la Justicia y los investigadores de Homicidios. Esa misma noche comenzaba a asomarse al peor abismo.

Los bomberos de la Policía tuvieron que hacer un trabajo artesanal. Con un balde, y casi sin margen para moverse adentro del pozo, con el oxígeno escaso, iban extrayendo todo lo que estaba encima de los cadáveres. Fueron larguísimas horas de trabajo. Hasta que se llegó al cuerpo que había sido arrojado al último: estaba en posición vertical, encajado. Se trabajo de manera delicada para evitar cualquier daño que perturbe el trabajo de los forenses. Una camioneta de la Policía Judicial ya lo trasladó a la Morgue Judicial. El segundo cuerpo estaba inmediatamente por debajo.

Pero esto no es todo. Un perro marcó otro pozo, en el que los investigadores encontraron el lunes unas herramientas enterradas. Ahora, confiaron las fuentes consultadas por Cadena 3, excavarán más profundo allí. ¿Qué van a buscar? No hay registros sobre dónde fue enterrado Don Castro, sobre cuándo murió, sobre qué le pasó realmente.

Como todo en esta familia: sin registros. Secretos de espanto. Allí, en el corazón de barrio Autódromo.

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