La historia que se repite. La violencia suele registrar varios hechos.
El caso del agente de policía arrestado y liberado por, supuestamente, haber agredido a su pareja, coloca en primer plano los límites que tiene el Estado para abordar el problema de la violencia de género e intrafamiliar cuando las víctimas se encuentran envueltas en el “círculo de la violencia” descripto en una entrevista con El Ancasti por Elena Rodríguez, integrante del Equipo Interdisciplinario del área de Asistencia a la Víctima de la Dirección Provincial de Derechos Humanos y miembro del Consejo Federal de Oficinas de Asistencia a la Víctima del Delito de la República Argentina.
La primera es de acumulación de tensión. Violencia psicológica, muy sutil, que va debilitando progresivamente las defensas psicológicas de la víctima y minando su autoestima, que da lugar a la violencia verbal.
La segunda etapa se caracteriza por la violencia física. Es el momento en el que las víctimas se sienten un poco más fortalecidas para poder pedir ayuda, pero si no lo consiguen vuelven a caer entrampadas en la tercera fase, la “luna de miel”, donde el agresor se muestra arrepentido y cariñoso.
“Tengamos en cuenta que es una relación afectiva, no está recibiendo violencia por parte de alguien extraño. Está recibiendo violencia de parte de su pareja”, recordó Rodríguez.
El policía bajo sospecha fue despojado de su arma reglamentaria y se le impusieron medidas restrictivas, pero la joven a la que habría violentado no accionó todavía por la vía penal. El arresto se produjo el lunes por la noche, luego de un llamado telefónico de los vecinos a la Policía.
Las víctimas, explicó Rodríguez, “no siempre cuentan con una contención externa óptima o no cuentan con los recursos económicos para poder valerse por sí mismas”.
“La mayoría de las mujeres han intentado salir del círculo, pero son fuertes las presiones que soportan para poder hacerlo. No es sencillo. Requiere de esta ayuda externa para poder salir. En el mejor de los casos, de ayuda profesional. Pero muchas veces sirve mucho y ayuda mucho la red de contención, del apoyo externo que tengan alrededor: familias, amigos, vecinos. Por eso también siempre hago hincapié en que todos podemos hacer algo, hasta el compañero de trabajo puede hacer algo”, añadió.
Solo la víctima puede romper el círculo de la violencia, que va espiralándose en intensidad y puede llegar, como sobrados ejemplos lo demuestran, a desenlaces fatales
Rodríguez remarcó que, en un intento de sobrellevar el malestar, la víctima va desconectándose de sí misma. “Es por esto que pierden el registro de la gravedad y del riesgo en el que se encuentran. Se terminan acostumbrado, normalizando ese modo de vivir”, dijo.
Los recursos públicos para intervenir en este tipo de situaciones, que se desarrollan en el ámbito privado, son y serán siempre escasos, de modo que la tarea de concientización cobra particular relevancia. Es preciso multiplicar los canales para que las víctimas adviertan el riesgo que afrontan.
Insistir en este punto es fundamental, porque solo la víctima puede romper el círculo de la violencia, que va espiralándose en intensidad y puede llegar, como sobrados ejemplos lo demuestran, a desenlaces fatales.