Un informe realizado por el instituto alemán Max Planck y publicado por agencias de noticias científicas cuantifica en vidas humanas el daño que ocasiona el uso de los combustibles fósiles, es decir, el petróleo, el carbón y el gas natural en la industria, la generación de energía y el transporte.
La cifra es impactante y contribuye a generar una mayor conciencia respecto de la necesidad de sustituirlos por energías limpias.
Hay coincidencia entre los científicos de todo el mundo acerca de que la contaminación de la atmósfera es uno de los principales cuatro factores de riesgo de enfermedad, y también de mortalidad, a escala planetaria, compitiendo con la hipertensión, el tabaquismo y las malas dietas. Otro informe, en este caso de la Organización Mundial de la Salud, procesa datos de 2019 y concluye que la contaminación del aire exterior y doméstico causó alrededor del 12% de todas las muertes del planeta.
Las muertes en el mundo por el impacto de las fuentes de contaminación del aire, tanto las naturales (el estudio menciona el polvo del desierto, los incendios espontáneos y las erupciones volcánicas); o las causadas por la acción humana, son alrededor de 8,3 millones al año. De esas más de 8 millones de muertes anuales, 5,1 millones -dos terceras partes del total- estarían provocadas por el daño que ocasiona el uso de los combustibles fósiles.
Los fallecimientos son la consecuencia extrema, pero la contaminación de este tipo produce o agrava enfermedades como la cardiopatía isquémica, el ictus, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la hipertensión arterial o enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson. “La mejora de la calidad del aire reduciría la carga de varias enfermedades importantes, lo que se traduciría en vidas más sanas y largas, menos pacientes que requieran ingreso hospitalario y otros tratamientos”, señala el informe.
Más de cinco millones de personar mueren cada año como consecuencia de la contaminación producida por los combustibles fósiles
Argentina enfrenta un gran dilema: tiene importantes reservas de combustibles fósiles, lo que representa un buen dato para la economía pero uno negativo para el ambiente. La buena noticia es que el país también tiene una gran potencialidad en materia de energías limpias, como la solar, la eólica, la hidroeléctrica o los biocombustibles, aunque el desarrollo sea bastante acotado todavía en comparación con el de las naciones más avanzadas en la materia.
En el país rige la Ley 27191, que entre otras cosas fija como objetivo a alcanzar en 2025 el 20% del abastecimiento eléctrico con fuentes renovables. El objetivo no está tan lejos. En agosto del año pasado se llegó a la mayor cobertura de la demanda eléctrica a través de energías renovables con un 16,2%. Argentina es el cuarto país en producción de energías renovables de la región, luego de Brasil, Chile y México.
El avance en la producción de energías limpias o renovables le permitirá abandonar progresivamente la producida por combustibles fósiles, lo que constituirá un logro ambiental de extraordinaria importancia.