En un reciente mensaje, pronunciado en oportunidad de recibir a una delegación del Foro de los Pueblos Indígenas en Roma, el Papa Francisco reconoció una vez más la riqueza cultural de las comunidades originarias de todo el mundo y, entre otras cosas, solicitó a los Gobiernos de los distintos países que reconozcan a estos pueblos, con sus culturas, sus lenguas, sus tradiciones, sus espiritualidades y se respete su dignidad y derechos.
El discurso consolida una tendencia muy marcada en el pontificado de Francisco, que intenta ser un cambio sino abrupto, al menos muy marcado respecto de la relación de la iglesia Católica con los Pueblo Originarios. Incluso, en algunas ocasiones, el Pontífice pidió disculpas, en nombre de la institución que encabeza, por los abusos cometidos contra las comunidades indígenas, como ocurrió en Canadá el año pasado.
Pero esos pedidos de perdón son sobre hechos históricos puntuales y aún no se insertan, como los propios representantes de los pueblos aborígenes esperan, en una autocrítica global e histórica sobre el rol que le cupo a la Iglesia en la conquista de América. Tal vez Francisco pretenda avanzar en esa dirección, pero los sectores conservadores que tienen mucho peso en El Vaticano no comparten esa posición.
De todos modos, el aporte del Papa argentino es fundamental, no solo porque reivindica la cultura de los pueblos indígenas, sino además porque la expone como ejemplo a seguir al abordar otro tema muy instalado en la agenda global: el del cambio climático. “Desgraciadamente, asistimos a una crisis social y medioambiental sin precedentes. Si realmente queremos cuidar nuestra casa común y mejorar el planeta en el que vivimos, son imprescindibles cambios profundos en los estilos de vida, modelos de producción y consumo”, señaló en el encuentro que mantuvo con los representantes del foro.
La reivindicación de los Pueblos originarios se inscribe en el soplo de aire fresco que ha llegado con Francisco a El Vaticano.
Y agregó: “Deberíamos escuchar más a los pueblos indígenas y aprender de su forma de vida para comprender que no podemos continuar devorando codiciosamente los recursos naturales, porque la tierra se nos ha confiado para que pueda ser para nosotros madre, capaz de dar lo necesario a cada uno para vivir. Ignorar a las comunidades originarias en la salvaguarda de la tierra es un grave error, por no decir una gran injusticia. En cambio, valorar su patrimonio cultural y sus técnicas ancestrales ayudará a emprender caminos para una mejor gestión ambiental”, finalizó.
En anteriores oportunidades, el Papa mencionó como legados valiosos de los Pueblos originarios el sentido de familiaridad y comunidad, valorando además el rol de las mujeres, los jóvenes y los ancianos de estas comunidades.
Como en otros temas sensibles desde el punto de vista social, la visión de Francisco es mucho más avanzada que el de las iglesias locales. A diferencia de lo que podría esperarse, las transformaciones en la visión que la Iglesia Católica tiene del mundo no se transmiten de abajo hacia arriba sino que empiezan en la cabeza y es de esperar que sean asimiladas por las iglesias locales. La reivindicación de los Pueblos originarios se inscribe en este soplo de aire fresco en una institución que ha perdido predicamento en las sociedades por sus propios pecados y los esfuerzos hechos por ocultarlos.