Solos. Los diputados peronistas prefirieron repudiar el ataque a cristina kirchner sin la oposición.
Las ácidas divergencias que se desplegaron entre oficialistas y opositores tras el atentado a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner pudieron ser controladas para que no se manifestaran institucionalmente en los mensajes legislativos de repudio con una excepción: la Cámara de Diputados de Catamarca no logró un pronunciamiento de rechazo unánime y el Frente de Todos terminó votando en soledad.
La generalizada, transversal, repulsa al ataque, fue reflejo inmediato de una clase política alarmada por las consecuencias de su propia agresividad retórica, pero el consenso se diluyó cuando el Gobierno, tras un mensaje y una reunión de Alberto Fernández que anticiparon la decisión, organizó una movilización popular de la que los opositores fueron excluidos y responsabilizó por el hostil clima de época a los discursos de odio propalados desde tres emisoras: la oposición, la prensa y la Justicia. Reacción facciosa en defensa de la democracia teóricamente plural.
La convocatoria a la unidad nacional lanzada desde un palco partidario, con la condición de dejar afuera el odio atribuido a los antagonistas convocados tuvo la previsible réplica negativa y reactivó las reyertas. En los parlamentos fueron necesarias arduas tratativas para acordar los pronunciamientos, cosa que fue particularmente visible en la Cámara de Diputados de la Nación, donde el PRO votó el repudio y, a diferencia de sus aliados, se retiró para no participar del erosivo debate posterior.
Lo prioritario era dar cuenta de integridad institucional y capacidad para administrar las diferencias.
Pero en la Cámara baja catamarqueña el oficialismo se negó a revisar el texto que había elaborado, que incluía los azotes incriminatorios a oposición, periodismo y Justicia y un respaldo a la Vicepresidenta atacada de carácter “incondicional”.
El adjetivo era inadmisible para Juntos por el Cambio, mucho más después de escuchar los discursos de Plaza de Mayo que lo sindicaban como partícipe en la construcción de las condiciones en las que se produjo el atentado. Y aún si tales imputaciones no se hubieran proferido ¿cómo se les puede exigir a los adversarios políticos incondicionalidades?
Lógicamente, los diputados de Juntos por el Cambio y el peronista disidente Hugo “Grillo” Ávila se negaron a suscribir el desatino y se retiraron del recinto. El bloque del Frente de Todos, mayoritario, votó solo, de modo que en los anales de la Cámara baja quedará un repudio rengo.
Pocas horas antes el Senado, donde la supremacía oficialista es apabullante, había sancionado la declaración con la lógica unanimidad.
El episodio en la Cámara baja mostró divisiones en la bancada oficialista, donde hay halcones y palomas. El sector que sugería acordar el texto con la oposición perdió la pulseada interna y se allanó a la decisión de avanzar con la repulsa renga, pero quedaron mascando la desazón.
El alarde de ultracristinismo es contradictorio con el mensaje que el Gobierno intentó enviar la semana pasada, con la reunión entre el gobernador Raúl Jalil y los presidentes de los bloques parlamentarios, opositores incluidos.
Un gesto, en definitiva, para una parte de la tribuna interna, superfluo, cuyo efecto en la opinión pública es mostrar una intransigencia inconducente.n