sábado 24 de febrero de 2024
Cara y Cruz

Reconfigurando

El triunfo electoral de Javier Milei provocó una reconfiguración, en plena transición y por lo tanto aun inconclusa, del mapa político nacional y provincial. En la semana posterior al balotaje ocurrió un fenómeno que va a contramano de lo que indica la lógica política: el presidente electo y la fuerza política que encabeza –La Libertad Avanza-, se debilitaron: en vez de sumar poder y protagonismo, terminaron cediéndoselos al macrismo, que le está haciendo pagar muy caro el apoyo explícito brindado luego de las elecciones generales.

El expresidente logró colocar a personas de su entera confianza en lugares claves del gabinete nacional. Pero además impuso modificaciones en la agenda del primer tramo del gobierno entrante. Por ejemplo, la dolarización, que según lo reiteró Milei en numerosas ocasiones durante la campaña electoral, debía empezar a implementarse en el corto plazo, ahora deberá postergarse hasta que “las condiciones sean las adecuadas”. La desaparición del Banco Central tampoco es una iniciativa que vaya a cumplirse inexorablemente, por más que el presidente electo siga sosteniendo que esa propuesta “no es negociable”.

La alianza entre libertarios y el ala dura del Pro –que a esta altura es casi todo el Pro- posiciona a ambas fuerzas en el lugar de oficialismo, induciendo en consecuencia la extinción de Juntos por el Cambio y coloca al radicalismo y a la Coalición Cívica en un rol de oposición secundaria, porque la principal la ocupará, por la envergadura de su representación institucional, el peronismo.

En Catamarca el escenario es más confuso. El Pro local, que sufrió como Juntos por el Cambio una derrota aplastante, será oposición en la provincia pero oficialismo nacional, si se mantiene la alianza vertebrada con los libertarios luego de las generales e impulsada por el presidente del partido a nivel local, Carlos Molina. La continuidad de esta suerte de coalición, sin embargo, es probable que esté atada al acceso de dirigentes del macrismo a algunos cargos al frente de organismos nacionales con sede en la provincia.

El rol más incómodo lo ha pasado a ocupar el radicalismo catamarqueño. La elección del 22 de octubre ha sido la más pobre desde el retorno a la democracia. Solo una vez, como partido o integrando una alianza, había ocupado un tercer lugar. Fue en 1973, cuando obtuvo menos votos que el Partido Justicialista y el Movimiento Popular Catamarqueño.

Si los resultados electorales reconfiguraron el escenario político nacional, es muy probable que también lo haga el éxito o el fracaso del plan de gobierno de Milei.

En la actual coyuntura, es menester una profunda autocrítica dirigencial en el radicalismo, que aún no se ha producido o hecho pública. Nadie quiere ser el padre de la derrota y por cierto no hay responsabilidades individuales sino colectivas. La trayectoria política de la UCR en los últimos años no ha sido consistente con lo que se espera de una alternativa de gobierno.

El oficialismo provincial, amenazado por el recorte de las finanzas públicas que implementará el gobierno de Milei a través del plan motosierra, continúa sin embargo manteniendo la iniciativa política. Logró que se apruebe rápidamente el proyecto que logra la limitación a las reelecciones a través de la reglamentación de artículos de la Constitución provincial y avanza con el recorte al presupuesto del Poder Judicial. En materia económica, apura la finalización de las obras que ya se han iniciado con recursos propios y articula con otros gobiernos provinciales la estrategia para ponerle límite al ajuste fiscal nacional.

Si los resultados electorales reconfiguraron el escenario político nacional, es muy probable que también lo haga el éxito o el fracaso del plan de gobierno de Milei. Si las medidas terminan estabilizando la economía, habrá seguramente una conversión masiva de dirigentes de varios espacios al oficialismo. Si, en cambio, el plan motosierra genera más recesión, no puede bajar la inflación e incrementa la pobreza, la indigencia y la desocupación, los libertarios serán cada vez menos y los partidos tradicionales deberán reagruparse otra vez.

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