domingo 27 de noviembre de 2022

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Editorial

Quince años de impunidad

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Claudio Soto Aguirre fue asesinado el sábado 3 de noviembre del 2007 en el Circuito de la Vida. El cadáver fue encontrado en un camino de tierra que corre de norte a sur, paralelo a la avenida Los Legisladores. La saña con la que actuaron el o los homicidas quedó reflejada en las nueve heridas de arma blanca que quedaron en su cuerpo.

Soto Aguirre era un talentoso actor y profesor de Teatro. Tenía 31 años. Era reconocido y muy querido por el mundo artístico de la provincia. Su inesperada muerte provocó honda congoja.

Pese al medio centenar de testimonios que fueron tomados, más los allanamientos, secuestros de vehículos y rastrillajes, ninguna pista fue concreta y los investigadores no pudieron llegar al victimario. Los años pasaron y el caso quedó estancado.

Su asesinato se inscribe dentro de los crímenes contra la comunidad LGBTQ+ que casi en su totalidad permanecen impunes.

Según estadísticas de El Ancasti, en las últimas tres décadas se registraron quince casos que no fueron resueltos. Entre ellos hay un puñado denominados como “crímenes de odio” perpetrados por la intolerancia contra sectores sociales vulnerables.

El más antiguo de los hechos es de 1992. Ese año fue asesinado Ángel Ferreti en su casa en la zona sur. El 8 de agosto de 1997, la Policía encontró en cercanías al camping de La Carrera el cuerpo con seis puñaladas de María Rivero. Aparentemente habría tenido una relación ocasional con un cliente, quien luego lo habría dejado abandonado en un descampado. Rivero murió desangrada.

El asesinato de Claudio Soto se inscribe dentro de los crímenes contra la comunidad LGBTQ+, que casi en su totalidad permanecen impunes

Víctor Cayetano Escalante. Dueño de un almacén del barrio San Antonio sur, fue encontrado sin vida, atado de pies y manos sobre una cama, con el rostro desfigurado y múltiples heridas de arma blanca. El cadáver fue hallado el 21 de septiembre de 1998.

El peluquero Daniel Ramírez Hidalgo (43) fue encontrado muerto por un vecino el 11 de mayo de 2002, en su casa de la zona norte. El peluquero peruano fue encontrado semidesnudo, tirado al lado de la cama sobre un gran charco de sangre y con dos disparos, uno en la pierna derecha y otro en el pecho.

Casandra Aybar apareció muerta en Pozo El Mistol con signos de haber sido abusada sexualmente y apuñalada. El atroz crimen fue hace veinte años, el 16 de junio del 2002. A Carlos Eduardo Castillo, “Castillito”, lo mataron en su propia casa de calle Rojas, con una plancha de hierro. Fue en julio del 2006.

El único caso esclarecido fue el crimen de La Ripiera, ocurrido el 1 de mayo del 2000. La víctima fue Cristian Fabián Díaz. Por el homicidio fueron condenados Luis Eduardo Seco, Rafael Ramón “Zonda” Seco, Sergio Daniel Galván y Sergio Bazán.

No solo la violencia contra la comunidad LGBTQ+ se tradujo en muertes, también se reprodujo a través de agresiones verbales y/o físicas, muchas de las cuales no llegaron a ser judicializadas por temor o para evitar la burocracia del sistema.

Ponerle fin a los ataques forma parte de una política de Estado que debe hacer hincapié en la concientización social para que en el futuro cualquier tipo de agresión sea erradicada.

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