martes 27 de febrero de 2024
Editorial

Políticas insuficientes

Con motivo de celebrarse el sábado pasado el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, en homenaje a las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Leónidas Trujillo en República Dominicana el 25 de noviembre de 1960, se conoció que en la Argentina se registró, entre el 1 de enero y el 15 de noviembre de 2023, un promedio de un femicidio cada 27 horas. El preocupante dato se encuentra en un informe del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación.

Otro informe similar, pero en este caso elaborado por el Observatorio "Ahora Que Sí Nos Ven”, consigna que en el 75,7% de los casos la víctima tenía algún vínculo con el agresor (39% era la pareja; 21% ex pareja, 7,7% familiar y 8% conocido). Además, hubo 319 intentos de femicidios (50 intentos de femicidios vinculados) y 6 transfemicidios o travesticidios. Las cifras son escalofriantes.

Hay muchas otras formas de violencia de género que se ejercen sistemática y permanentemente. La violencia física, es decir, la que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo, es la más evidente, pero además existen otras que no siempre son advertidas o consideradas de ese modo y que deben ponerse de relevancia.

La Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, que rige en la Argentina desde el año 2009, reconoce, además de la física, otros tipos de violencia contra la mujer. La violencia psicológica causa daño emocional y disminución de la autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación, aislamiento. La violencia sexual es cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres. La violencia económica y patrimonial ocasiona un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer.

La contundencia de las estadísticas es argumento suficiente para profundizar las políticas de prevención de la violencia contra la mujer.

Y la violencia simbólica, que es la que, a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmite y reproduce dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.

También, aunque no está enumerada en la ley, debe mencionarse la violencia vicaria, que es cuando el agresor amenaza o agrede a hijos de la mujer víctima para hacerla sufrir. Cuando el agresor mata a un ser querido de la mujer como una manera de destruirla psíquicamente, se está en presencia de un femicidio vinculado.

La contundencia de las estadísticas es argumento suficiente para profundizar las políticas de prevención de la violencia contra la mujer, que se revelan aun insuficientes para enfrentar con éxito el flagelo y tornar más eficaces las acciones para castigar a los culpables.

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