miércoles 30 de noviembre de 2022

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Cara y Cruz

Patos criollos

La asimetría entre méritos y privilegios es más ostensible en el ámbito de la administración pública y sus satélites.

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El Gobierno de la Provincia se vio obligado ayer a pedir disculpas a los vecinos y vecinas de Saujil, Pomán, por haberlos felicitado en su aniversario con un aviso ilustrado con una foto de Saujil, Tinogasta.

El mérito por el error le corresponde a la secretaria de Comunicación, Eugenia Rosales Matienzo, empeñosa seguidora del pato criollo que porfía en perpetrar un acierto a cada paso.

En esta oportunidad, sin embargo, la célebre funcionaria quedó a la zaga de la intendenta de Valle Viejo, Susana Zenteno, quien promocionó en una entrevista pautada con una radio nacional las bondades del “arbitraje de halcones” en la Cuesta del Portezuelo, novedosa actividad que suma adeptos y empieza a afianzarse en detrimento incluso del tradicional, y vetusto, avistaje de cóndores y otros especímenes.

Ambos incidentes no pasarían de la anécdota jocosa si no fuera porque se insertan en una extensa secuencia de exhibiciones de incompetencia, improvisación y desidia protagonizada por el funcionariato, que a su vez impacta sobre un humor popular de perros debido a las penurias económicas y la sensación de que el fracaso colectivo es irreversible.

Convendría tal vez medir, en alguna de las encuestas y “focus group” que se hacen para auscultar tendencias electorales, si no tendrá esto algo que ver con la expansión del sentimiento adverso a la política y al Gobierno en particular dentro de la sociedad. Que tal inquina se manifieste sobre todo en el ámbito de la administración pública y sus satélites no es casual: allí es donde las asimetrías entre méritos y privilegios se hacen más evidentes e irritantes.

El gabinete del Gobierno está compuesto por 18 ministerios, cada uno con secretarías, subsecretarías, direcciones y cuerpo de asesores. Si a los propios miembros de tamaño equipo les costaría identificar a la totalidad de sus colegas sin recurrir a un machete, cabe preguntarse qué impresión causa en el ciudadano raso anoticiarse de la existencia de algún burócrata encumbrado a raíz de incidentes grotescos en lugar de por gestiones o intervenciones en el debate público que acrediten su idoneidad.

Es pertinente considerar, además, que la adquisición del cargo incluye biromes que proporcionan acceso a cajas chicas, viáticos y designaciones de misteriosa administración, hecho que incrementa su poder corrosivo sobre el estado anímico del vulgo cuando los beneficiarios dan cuenta en sus redes sociales, con cuidadas imágenes, del “dolce far niente” que gozan, viajes a paradisíacos destinos del exterior incluidos.

La asimetría entre méritos y privilegios es más ostensible en el ámbito de la administración pública y sus satélites La asimetría entre méritos y privilegios es más ostensible en el ámbito de la administración pública y sus satélites

Estos elementos podrán parecer baladíes, pero son agraviantes para quienes se esfuerzan por hacer una carrera o se desloman trabajando y se ven postergados de modo sistemático por logreros sin más virtudes que sus relaciones políticas, familiares o afectivas, con dedos influyentes. Más aún cuando desde hace años las posibilidades de ascenso social y económico parecen anuladas, y más bien se afianza la perspectiva de que el camino será descendente.

Lo dicho aplica también al Poder Legislativo y, muy especialmente, a la Justicia, donde las expectativas y el esfuerzo por progresar de infinidad de agentes son frustrados para privilegiar a herederos y validos de la casta y de la política con puestos en la magistratura y la jerarquía burocrática del sistema.

No habrá oferta salarial ni pases a planta permanente que reviertan los rencores mientras continúe siendo tan ostensible que el sector público premia y solventa la incompetencia y la adulación. En este sentido, lo prolongado de la crisis cala profundo en lo anímico y las susceptibilidades están a flor de piel.

Si la situación que atraviesa la gente común no se tiene en cuenta, es hipócrita andar después rasgándose las vestiduras por la consolidación de alternativas políticas que bien pronto podrían dejar de ser estrafalarias para transformarse en peligrosas. Sus prédicas prosperan en un rastrojo de irritabilidad abonado por el protagonismo de los patos criollos.

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