miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Paso adelante, pero pequeño e incompleto

Las cifras del ausentismo de estudiantes en todos los niveles educativos de la provincia son impactantes. Solo en el Nivel Inicial, por ejemplo, en lo que va del mes de octubre el nivel de ausentismo oscila entre el 40 y el 45%. Esto es, en una sala de 20 chicos solo asisten a clase en promedio 11 o 12 alumnitos por día. Pero el problema no solo abarca a ese nivel que, insólitamente muchos padres consideran que no es obligatorio pese a que lo es, para los cinco años, desde la sanción de la Ley Federal de Educación de 1993. También es alto el ausentismo en los niveles primarios y secundarios, por diversas causas que es preciso analizar con detenimiento para, en función de un diagnóstico preciso, se elaboren las estrategias para encontrar vías de solución.

El ausentismo en el último año del secundario es inadmisible. No se cuestionan las actividades que suelen jalonar ese último año, que incluyen los festejos por el egreso. Pero en conjunto las actividades hacen perder aproximadamente un mes de clases, lo que es un tiempo imposible de recuperar en los meses previos al gran desafío de comenzar los estudios terciarios o universitarios.

Chicas y chicos que se ponen de acuerdo para faltar en masa en determinados días, con la anuencia, la indiferencia o la impotencia de los padres para impedirlo; excesivo ausentismo de los docentes, inmensamente mayor que en cualquier trabajo público o privado, lo que incrementa la cantidad de horas libres diarias hasta límites intolerables, son dos de sus causas más evidentes. Pero hay otras que es preciso indagar con detenimiento para que la determinación de lo que sucede sea la más aproximada posible.

La buena noticia es que el Ministerio de Educación, con las estadísticas ya asimiladas, ha resuelto indagar en esas causas realizando un abordaje pedagógico, administrativo y sociocomunitario de la gestión de los tres niveles escolares, a través de una tarea articulada e interministerial, según se anunció oficialmente. Otro dato alentador es que la tarea de elaborar un diagnóstico no recae solo en “especialistas”, sino que son convocados para que expresen su opinión los padres o tutores de los estudiantes. Si bien es plausible la ampliación de la convocatoria, estaría faltando sumar las voces de las propias alumnas y alumnos, que tienen seguramente muchas cosas para decir también.

El elevado ausentismo de alumnos y docentes no explica todo el problema de la baja de la calidad de la educación catamarqueña en particular y argentina en general, pero es causa y efecto también. Desentrañar todos los factores que inciden para la crisis del sistema es tarea urgente. El paso dado por el Ministerio, aunque pequeño e incompleto, pues no incluye a los estudiantes, debe mencionarse como un avance que es preciso mejorar rápidamente.n

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