viernes 7 de octubre de 2022

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Editorial

Paradoja inconcebible

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14 de agosto de 2022 - 00:25

Paralelamente a la noticia de que aproximadamente un millón y medio de niños y adolescentes se saltean en la Argentina una de las comidas diarias por falta de dinero –fenómeno, la escasez alimentaria, que se empezó a hacer más visible desde 2018 y continuó luego durante la pandemia-, hay otra, menos difundida quizás, que da cuenta de que cada año se tiran en el país miles de toneladas de alimentos que terminan descomponiéndose sin que nadie los aproveche.

Tal vez el caso más impactante sea el de los limones. Se calcula que este año aproximadamente se desecharán más de 300.000 toneladas de limones en perfecto estado, según un informe publicado recientemente por el portal eldiario.ar. Pero además de este citrus, que se produce mayoritariamente en la vecina provincia de Tucumán, también se desecharán miles de toneladas de tomates, peras o bananas.

Los productores adoptan esta drástica decisión de dejar que se pudran porque no pueden vender a raíz de la falta de mercados o los bajos precios. La falta de mercados se explica habitualmente por sucesos imposibles de prever que modifican esquemas armados previamente. Por ejemplo, sucesos internacionales (como la guerra entre Rusia y Ucrania) o procesos recesivos en los países potencialmente compradores. Estos sucesos impactan también, a veces, en los precios de los productos, que terminan siendo inferiores a los costos de producción.

Pero más allá de los imponderables, se advierte una falta de articulación entre el Estado y los productores en la planificación de lo que se produce, conectar, en base a estudios muy precisos, la oferta y la demanda. Si ésa es una falencia, otra que se corrobora al observar la magnitud de la cantidad de alimentos desperdiciados, es la de organizar una logística para evitar que esos alimentos se pudran y puedan llegar a mesas de familias que los necesitan. O, antes de que se echen a perder, industrializarlos –produciendo salsa de tomate o jugo de limón, pera o manzana, de acuerdo a los ejemplos mencionados-.

En un país con casi el 40% de pobres cada año se desperdician miles de toneladas de alimentos En un país con casi el 40% de pobres cada año se desperdician miles de toneladas de alimentos

Es el Estado en sus distintos niveles (nacional, provincial y municipal), por cierto, el responsable de montar esta logística. Pero es preciso también un cambio de orden cultural. En el artículo mencionado, se cita una reflexión de la coordinadora del área Derechos económicos, sociales y culturales del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Luna Miguens. Señala que en la Argentina el sistema de producción, distribución y comercialización de alimentos se rige principalmente por la lógica del mercado, pues “concibe a los alimentos principalmente como una mercancía y no como un producto esencial para garantizar la reproducción de la vida.Esto tiene como consecuencia un déficit importante en garantizar un acceso equitativo a los alimentos de calidad”, señala y agrega como ejemplo lo sucedido durante el comienzo de la pandemia. “Durante los primeros meses, en un contexto de emergencia social inédita, las grandes cadenas de supermercados subieron los precios con una lógica puramente especulativa”, apunta.

Planificación, articulación y un cambio cultural en la manera en que un país concibe el valor de los alimentos, contribuiría a evitar esta paradoja inconcebible de desperdiciar alimentos en un país con casi el 40% de pobres desde hace un lustro.

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