domingo 29 de enero de 2023

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Editorial

Otras miradas

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Culmina un año atravesado por la crisis económica en la Argentina. No es una novedad. En lo que va del siglo, salvo el periodo 2003-2011, que en términos generales fue de una fuerte recuperación económica, han prevalecido las dificultades sistémicas con sus inevitables consecuencias sociales de pobreza y exclusión social.

Pero ni aun en el ciclo virtuoso de los primeros años posteriores a la salida de la convertibilidad, si bien hubo una mejora en la distribución del ingreso y una baja pronunciada de la pobreza y la indigencia, se generó un modelo de país que superase el mal endémico de la pobreza estructural.

Las propuestas para atacar esa pobreza estructural han fracasado por su inviabilidad, errores de concepción o limitaciones severas en la capacidad de ejecución. Ni el modelo basado en la promoción del consumo interno ni el que sostiene a las grandes inversiones internacionales como motor del crecimiento de la economía han dado resultado. En el primero de los casos por su insuficiencia; en el segundo, por su ineficacia.

Muchos de los diagnósticos económicos y las propuestas para el abordaje de un programa están condicionados por la mirada parcial de la política, contaminados por la pertenencia a un sector en particular. Por eso es imprescindible prestar atención a lo que sostienen economistas que no tienen compromiso directo con una fuerza política y son capaces de un análisis lúcido y equilibrado de la realidad. Hay antecedentes muy valiosos. Por el ejemplo, el Plan Fénix, elaborado por economistas de la UBA en 2001, muchos de cuyos postulados fueron adoptados por el proyecto político que asumió en el 2003. Y desde hace más de una década, el arduo y consistente trabajo viene realizando el Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la UCA. En un reciente trabajo que publicó, denominado “Deudas Sociales en la Argentina urbana 2010-2022”, hay algunos señalamientos a los que deben prestársele atención. Sostiene que la causa de la pobreza estructural en la Argentina “ha sido y sigue siendo la falta de un crecimiento equilibrado entre sectores dinámicos y sectores tradicionales con capacidad de integrar al conjunto de las fuerzas del trabajo”. Manifiesta que es importante una política redistributiva, pero “no en términos de ingresos corrientes, sino orientada al desarrollo de capacidades productivas hacia los segmentos y regiones más rezagadas”.

El informe del Observatorio de la UCA hace aportes muy valiosos, que cuestionan las miradas de los economistas ortodoxos y de heterodoxos con concepciones limitadas. “Para lograr dicho crecimiento –se lee en las conclusiones del escrito-, son menos fundamentales las grandes inversiones internacionales, sino la multiplicación de pequeñas, medianas y grandes inversiones fundadas en el ahorro nacional, orientadas a ampliar la dotación de capital tanto productivo como humano y a la creación de nuevos puestos de trabajo. Nuestro crecimiento ha estado fundado principalmente en el consumo interno y mucho menos o muy poco, en la exportación y la inversión. El mecanismo del consumo permite evitar el colapso del sistema social, pero el abuso sistémico del mismo es la causa de los continuos desequilibrios fiscales o ciclos de endeudamiento internos o externos”.

Tal vez sea hora de prestarle mayor atención a miradas lúcidas y comprometidas con la realidad, pero no atadas a un esquema político determinado, que son capaces de aportar información de calidad y propuestas consistentes sin esperar a cambio retribuciones económicas o un cargo político de relevancia.n

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