Recorte. Alberto Fernández, al anunciar la poda a la CABA para financiar sueldos de la policía bonaerense.
El argumento que Alberto Fernández y el kirchnerismo esgrimen para repudiar el fallo de la Corte que ordenó devolverle a la Ciudad de Buenos Aires el porcentaje de la coparticipación que la Casa Rosada le podó hace dos años es falaz, porque se desarrolla desde una premisa falsa: la medida no se tomó en beneficio de las provincias, sino de una provincia específica, la de Buenos Aires, gobernada por el cristinista Axel Kicillof. Fernández procedió, además, para resolverle un problema concreto de Kicillof, no estructural de la provincia que gobierna: la revuelta policial que se había desencadenado en territorio bonaerense por un conflicto salarial.
Este defecto de origen no desaparecerá por mucho que la Casa Rosada chantajee y soborne a los gobernadores para que clamen por el federalismo ultrajado y convoquen al espíritu de los caudillos. Y es tan difícil ocultarlo que, mientras se gestiona la concurrencia de los mandatarios a un nuevo repudio al tribunal centralista, se profundizan las inconsistencias y se desnudan los mecanismos de extorsión.
El jurista Fernández dice que el dinero detraído a la CABA vuelve a las provincias “en obras”, sin aclarar que tales financiamientos dependen pura y exclusivamente de sus antojos, sensibles a puestas en escena como la que se montará hoy: el desacato se sanciona precisamente con la restricción de esos recursos discrecionales. Como pasaba en tiempos de Cristina, cuando los mandatarios tenían que ir cada tres meses a aplaudirla porque les hacía la gauchada de refinanciarles las deudas.
Curiosamente, la autonomía de las provincias se amplió con la devolución del 15% que se tomaba de los fondos coparticipables para financiar a la ANSES. Tal devolución se produjo durante la gestión de Mauricio Macri, no tanto porque Macri estuviera impregnado de federalismo, porque Cristina, perdido el chicote para condicionar a los gobernadores, dejó el camino allanado para que la Corte le diera la razón a todas las provincias que habían trabado juicios por el sostenido despojo. En el mismo movimiento Macri resolvió políticamente el reclamo judicial por el congelamiento del Fondo del Conurbano Bonarense planteado por Buenos Aires. Por casualidad, Buenos Aires estaba gobernada entonces por la macrista María Eugenia Vidal.
Lo que consienten los gobernadores con su respaldo a Fernández y Kicillof es que la lógica metropolitana, cuyos resultados están a la vista, continúe intoxicando al país con un federalismo trucho.
La Capital Federal adquirió rango de Ciudad Autónoma con la reforma constitucional de 1994, que tuvo entre sus convencionales a la doctora Cristina Fernández de Kirchner. En esa misma reforma se suplantó la elección indirecta del Presidente a través del Colegio Electoral por la elección directa con eventual balotaje, que exacerbó las asimetrías entre el área metropolitana y el interior y blindó los dispositivos de extorsión y comercialización de adhesiones en vigencia.
Los recursos que se le podaron a la CABA no fueron redistribuidos a las provincias, sino destinados a Buenos Aires.
También ordenaba esa Constitución una nueva ley de Coparticipación Federal, cuya elaboración nunca se acometió.
Aún con estos defectos, la reforma del ’94 surgió del Pacto de Olivos, celebrado entre el expresidente Raúl Alfonsín y su sucesor, Carlos Saúl Menem, los dos mayores líderes políticos de ese tiempo.
Es decir: fue producto de un acuerdo político entre antagonistas, no un arrebato de ocasión para sofocarle la revuelta policial de un gobernador aliado ¿A cuántas provincias les resolvió un problema salarial de modo tan expeditivo Fernández?
Habrá que ver cuántos gobernadores asisten hoy a la convocatoria del Presidente, pero debe considerarse que legitimar arbitrariedades podría no resultar gratuito. El mismo purgante que se le hizo tomar a Horacio Rodríguez Larreta para aliviar las indigestiones de Kicillof podría administrarse a cualquier jefe de Estado provincial si el poder central lo considerara conveniente a sus fines facciosos.
La vía quedará lubricada si la Corte, que aún no falló sobre el fondo de la cuestión, consintiera la poda.n