miércoles 1 de abril de 2026
Cara y Cruz

Nuevo escenario

A menos de una semana de las elecciones generales y aun considerando que persiste la incertidumbre respecto del resultado final y la distribución de espacios en función del voto ciudadano, puede concluirse que irrumpe como fenómeno novedoso en la política argentina la división del electorado en tercios, siendo la fuerza que más chances tiene de imponerse en primera vuelta una que se enfrenta abiertamente a los partidos que históricamente han dominado el escenario nacional.

Hubo, en otras etapas históricas de la política nacional, terceras fuerzas que compitieron con el peronismo y el radicalismo, o los respectivos frentes que los partidos tradicionales integraron, pero nunca con tantas chances ciertas de ganar una elección. Por otra parte, los principales dirigentes de esas fuerzas emergentes provenían siempre de los partidos tradicionales. El Frepaso es un buen ejemplo, que obtuvo el segundo lugar en las presidenciales de 1995, pero sus dos principales referentes provenían del peronismo.

Y en lo que va del siglo, los intentos de construir una alternativa que pudiese configurar la “ancha avenida del medio”, superadora de la grieta entre kirchneristas y antikirchneristas, fracasaron en las instancias de las presidenciales de 2015 y 2019.

El Pro también es un partido que vino a ocupar los primeros planos de la política, pero lo hizo en alianza con el radicalismo, que le prestó su estructura nacional. Por eso La Libertad Avanza representa un fenómeno distinto. Viene a competir con las dos fuerzas mayoritarias hasta el momento con buenas chances de triunfar en primera vuelta y tal vez también en el balotaje, pero en esa competencia no exhibe diferencias programáticas sino que enfrenta abiertamente a las fuerzas hegemónicas hasta el momento, que encarna, según el discurso exacerbado de Javier Milei, la casta política y por esa razón todo lo malo. Pero si bien los libertarios se autoproclaman como “lo nuevo”, en rigor los trazos gruesos de su plan económico pueden hallarse en el programa de gobierno de la dictadura militar, del menemismo e incluso, en algunos aspectos, en el de Cambiemos.

Es muy probable que esta ruptura con los escenarios electorales clásicos, hegemonizados por el bipartidismo, se verifique también en Catamarca. En las PASO de agosto el oficialismo provincial obtuvo un triunfo cómodo, pero los votos libertarios, que faltaron en muchas mesas y no tuvieron la fiscalización adecuada, sumaron el 16% de los sufragios, 11 puntos porcentuales menos que Juntos por el Cambio. En la Libertad Avanza confían en que sumarán en la instancia electoral del próximo domingo los votos suficientes como para pelear el segundo puesto. La meta es ambiciosa, ciertamente, pero en un escenario de tanta volatilidad no es improbable.

Si el oficialismo provincial logra confirmar en las urnas el triunfo de las PASO y Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza compiten por el segundo lugar, el desafío mayor de iniciar un proceso de reconversión política estará del lado del radicalismo y sus aliados, que desde la disolución del Frente Cívico y Social tienen serias dificultades para convertirse en alternativa política de recambio.

El vertiginoso crecimiento de la opción libertaria, tanto a nivel provincial como nacional, convierte a esta fuerza en altamente competitiva desde la perspectiva electoral. Pero la potencia electoral es una cosa y la gobernabilidad, suponiendo que Milei logre, como lo marca la mayoría de las encuestas, imponerse en el balotaje, otra muy distinta. Para lograrla, en el supuesto de que su programa de gobierno pueda ser viable per se, deberá, en franca minoría en el Congreso, necesariamente pactar con “la casta” o apelar a peligrosos arrebatos autoritarios.

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