martes 24 de enero de 2023

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Carta al director

No son rugbiers

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No son rugbiers, son asesinos. Son ocho muchachos violentos implicados en el cobarde homicidio de un joven, que están siendo juzgados para determinar el grado de culpabilidad de cada uno. El rugby no tiene nada que ver, más allá del rótulo que cierta prensa se empeña en utilizar porque de tal forma la noticia es “más vendedora”.

Al insistir en llamar “rugbiers” a los ocho acusados porque alguna vez entraron a una cancha de rugby se falta descaradamente a la verdad, porque no es ésa la cualidad más relevante de los acusados. Ningún deporte es condicionante de los actos de los individuos que lo practican.

Para los auténticos rugbiers, esa insistencia de la prensa constituye una injusta afrenta que desnuda mala fe y profunda ignorancia, porque el objetivo del rugby -y esto se enseña en todos los clubes- es justamente lo opuesto a la conducta antisocial y violenta de los acusados.

El rugby es un deporte de intenso contacto físico que requiere una preparación atlética y mental adecuada, además del respeto riguroso de las reglas del juego, que son muy estrictas especialmente en lo que hace al control de la violencia.

En ningún otro deporte se respeta al árbitro como en el rugby; en ningún otro deporte está tan arraigada la costumbre de agasajar al ocasional adversario después del partido, compartiendo amigablemente una copa o una comida, independientemente del resultado del encuentro. Y es así como nacen las grandes amistades para toda la vida.

Se sorprenden los neófitos de que los partidos de rugby se jueguen con los hinchas entre mezclados y sin presencia policial. Y esto es posible porque el público de rugby tampoco es violento. El rugby no apaña patoteros y generalmente a los violentos se los educa o de lo contrario se los excluye rápidamente del grupo.

En nuestro país el rugby es un deporte amateur siempre en crecimiento, que genera espectáculos multitudinarios. También es un negocio alrededor del cual gira la TV, los sponsors y otros intereses. Pero por sobre todo y antes que nada, el rugby es una escuela de vida porque tiene la capacidad de transformar la vida de las personas. No se trata solamente de competir, sino de hacer mejores individuos porque el rugby excede al juego en sí mismo.

Este espíritu -el espíritu del rugby- es transmitido de generación en generación y es inculcado a los más pequeños desde el primer día en que toman contacto con “la ovalada”.

La tarea es trabajosa porque el rugby no es una isla y forma parte de una sociedad en la que lamentablemente los valores fundamentales de este deporte -respeto, lealtad, entereza y humildad- aparecen cada vez más menospreciados. Sin embargo, dirigentes, jugadores y allegados se esfuerzan por preservarlo tal como ha sido hasta ahora. Sin violentos, sin patoteros, sin asesinos.

Por lo tanto, señores periodistas, hagan honor a la integridad y la ética profesional que debe primar por sobre cualquier interés y no tergiversen las cosas: .

Amigos del Rugby

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