miércoles 3 de agosto de 2022

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Cara y Cruz

No falta ni el Chacho

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22 de julio de 2022 - 00:30

Con el dólar en caótica estampida, la inflación desbocada y Juan Grabois agitando el fantasma de los saqueos en la disputa por el liderazgo de los movimientos sociales, la memoria histórica traza analogías con el traumático 2001. Si se prescinde de las formalidades, se advertirá que tampoco falta “Chacho” Álvarez: no hace falta renuncia para constatar que Cristina Fernández de Kirchner ya desertó.

También está Fernando de la Rúa. El destino de Alberto Fernández está prefigurado en Martín Guzmán, sobre quien se concentró la atribución de culpas una vez que dejó el Ministerio de Economía. Se encargó en persona, a fuerza de defecciones, de constituirse en el culpable ideal del desastre. La fuga acelerada de respaldos anticipa lo que vendrá.

El lunes fue un día premonitorio. La reunión de la ministra de Economía, Silvina Batakis, con los gobernadores, ideada para impostar alguna consistencia política, naufragó en las ausencias. “Si faltaba uno más, no cabía”, hubiera dicho Macedonio Fernández. Solo cinco mandatarios, entre ellos el catamarqueño Raúl Jalil, aceptaron el convite.

Al mismo tiempo, Cristina postulaba una agenda enajenada, con un renovado ataque a la Suprema Corte de Justicia. La señal que el arco político y la sociedad esperaban sobre el rumbo económico llegó: la Vicepresidenta se desentendió del Gobierno pergeñado por ella misma. Lo dicho: Carlos “Chacho” Álvarez, sin renuncia formal.

Batakis está huérfana, sostenida por un Presidente sin piso de derrumbe. No puede reprochársele a Cristina el silencio ya: habló claro con los cuestionamientos a la Corte. El que calla ahora es Sergio Massa. Nadie quiere comprometerse con el fracaso.

El 18 de abril del año pasado, el Mirador Político de este diario se tituló “El derrotero De la Rúa”. Fernández había anunciado el retorno a la etapa roja de la pandemia, implorando a los gobernadores que lo siguieran. Eran vísperas de las elecciones de medio término que perdería, y el deterioro del consenso en torno a su figura era ya muy notorio.

Cristina Kirchner ya desertó del Gobierno que ella misma pergeñó. Con la crisis en auge, plantea una agenda enajenada Cristina Kirchner ya desertó del Gobierno que ella misma pergeñó. Con la crisis en auge, plantea una agenda enajenada

El análisis de entonces se ajusta bastante a este momento, mucho más dramático.

“La imagen presidencial se escora por el déficit político en dos aspectos. Su margen para forjar un liderazgo desde una empatía directa con la sociedad se diluyó velozmente. Por mucho que saturara las redes sociales con episodios de guitarra y canto, perro Dylan, Fabiola, Estanislao y otros pormenores de su sencilla vida privada, empardar a Cristina en el terreno del carisma era previsiblemente imposible desde un principio.

Le quedaba no obstante la construcción de lazos institucionales con factores de poder como los gobernadores, pero lo circunscripto y menesteroso de tal flanco quedó en evidencia con la indiferencia al pedido de que le obedezcan”.

“El desacato es comprensible. Es año electoral y para los mandatarios es primordial preservar el capital político. Muy pocos están dispuestos a acarrear con los costos de las antipáticas medidas anunciadas. Con el dramático recrudecimiento de la peste como telón de fondo, la reticencia es indicio de algo más inquietante: los caciques territoriales comienzan a sentir que no comparten suerte con el Presidente, que de tal modo carece de gravitación para articular una política nacional consistente”.

El presagio se cumplió. Muchos gobernadores pagaron con la derrota no haber desanclado sus elecciones provinciales de las nacionales.

La sumisión de Fernández a Cristina continuó invariable hasta en la alienación. Saludó el ataque a la Corte con su apoyo.

Aquel Mirador iniciaba con una frase del siete veces presidente de Italia Giulio Andreotti: “El poder desgasta al que no lo tiene”.

Ya está el “Chacho”. Parece que De la Rúa está en la gatera.

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