jueves 15 de septiembre de 2022

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Cara y Cruz

Negocio ilícito e impune

Sistema. el cobre robado en emprendimientos productivos entra en un circuito de comercialización ilegal.

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18 de agosto de 2022 - 00:25

Que el sistema judicial no encuentre forma de abordar el problema de los robos en campos y fincas en producción en el Valle Central es uno de los indicios más evidentes de su incompetencia.

Se producen en forma sistemática para sustraer sobre todo el cobre de las instalaciones eléctricas y representan costos adicionales altísimos para los productores, que deben reponer los artefactos destruidos para poder continuar con sus actividades, resignados ya a ser víctimas de nuevos delitos aún cuando tengan a los sospechosos perfectamente identificados.

No se trata de un problema de la Policía, sino de los fiscales que no profundizan en las investigaciones como deberían y toman los casos como si fueran aislados, cuando es ostensible que forman parte de un circuito para proveer a reducidores del metal. ¿Cuántos sujetos puede haber en Catamarca que compren lo robado?

Bombas, transformadores, cables de acometida, cables de alta y media tensión. Se roban hasta los alambres de los alambrados, que también colocan en un mercado ilegal que permanece impune, ante la mirada impasible de un Ministerio Público Fiscal que no atina a desarrollar indagaciones tendientes a desmontar el negocio.

Es una omisión de lo que el Procurador General tendría que tomar nota para bajar las instrucciones pertinentes.

Son operaciones fuera de la competencia de cualquier improvisado, no aventuras de rateros. Es necesario contar con un mínimo de conocimientos y experiencia para no electrocutarse. El universo de sospechosos, por tanto, es necesariamente más circunscripto que el de, por ejemplo, los ladrones de garrafas.

Llevarse cables requiere, aparte, planificación, trabajo sostenido, varias personas y al menos un utilitario para trasladar el botín. De ningún modo puede hacerse al pasar, por mero oportunismo, como quien levanta una pala.

Si los ilícitos fueran cometidos por foráneos y el producto se redujera afuera de la provincia, la libertad con que se mueven los delincuentes resulta todavía más llamativa. Sería muy curioso que alguien se pasee por las rutas con centenares de metros de cables sin llamar la atención de las fuerzas de seguridad.

Los fiscales no investigan los robos permanentes y sistemáticos que se perpetran en campos y fincas que está en producción Los fiscales no investigan los robos permanentes y sistemáticos que se perpetran en campos y fincas que está en producción

La seguridad también forma parte de la política tendiente a fomentar la producción. Propietarios, encargados y trabajadores de los emprendimientos se hartan de radicar denuncias e incluso llevan adelante pesquisas por sus propios medios para dar con los ladrones. Pero en los casos que son capturados, por las fuerzas policiales o los propios damnificados, ingresan en el sistema judicial para salir a las pocas horas y volver a las tropelías.

¿Cómo es que a ningún fiscal se le ha ocurrido intentar al menos seguir el hilo de la comercialización ilícita? ¿Por qué no se activan los resortes de la inteligencia policial?

En comparación con lo insignificante de las sanciones y la ausencia de riesgo de los operativos, el valor que tienen el cobre y los alambres, más en un contexto de inflación desbocada, hace que el negocio sea sumamente atractivo.

Sería interesante que el Ministerio Público reúna la información sobre los robos perpetrados y la sistematice, como para tener una idea del alcance de la trama. Quizás así los fiscales asuman un compromiso mayor con el tema, que impacta sobre la rentabilidad de la actividad productiva y desalienta la inversión.

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