Señor Director:
Señor Director:
El anuncio del intendente de Fray Mamerto Esquiú expresando su intención de ir por un tercer mandato tras un fallo judicial que lo habilita para tal fin, no solo sonó anacrónico y fuera de contexto, sino muy contrario al espíritu de época que se vive en el marco de una crisis de representación política muy profunda del país.
Un intendente como Guillermo Ferreyra que hizo de su carta de presentación en la política la proyección de un liderazgo joven e innovador con un estilo de comunicación moderno, generaba expectativas muy contrarias a las anunciadas por él mismo.
El eje de la campaña electoral que lo llevó al poder departamental en 2015, fue la necesidad de romper la hegemonía política del exintendente Humberto Valdez, quien justamente se encontraba en su tercer mandato tras una re-reelección.
Hasta ahora, la del intendente Ferreyra era una carrera política que se podía percibir con cierta proyección provincial, en virtud de sus esfuerzos comunicativos para que su gestión se conociera fronteras afueras de Fray Mamerto Esquiú, pero si esta era la intención es probable que el camino a tomar fuese el contrario.
El dogmatismo en los equipos de gestión no es un fenómeno nuevo, la experiencia indica que con el paso del tiempo, el proceso de toma de decisiones se reduce a un sesgo de confirmación por medio del cual el líder se limita a escuchar solo a aquellos funcionarios que dicen lo que él ya pensaba, desoyendo a asesores objetivos o circunstancialmente despidiéndolos.
En un contexto de dogmatismo político, es probable que una decisión equivocada se retroalimente y potencie en un feedback entre el líder y su equipo de gestión, para finalmente hacer lo que no corresponde con total convencimiento.
En este marco, el pronunciamiento de la elite justicialista en contra de apoyar terceros mandatos, sienta un precedente que puede marcar positivamente la cultura organizacional del Partido Justicialista.
No se trata de cargar contra nadie en particular, sino de pensar cómo a partir de un acontecimiento disfuncional a los intereses del justicialismo, los líderes partidarios procesaron correctamente el insumo negativo y lo transformaron en un contenido positivo.
La crisis de representación política que vivimos en la Argentina, se experimenta del lado ciudadano como frustración e indignación. En este contexto, la política debe ser aún más cuidosa y evitar ser percibida como un compartimento estanco separado de la realidad social, el reflejo de toda una elite política salvó la situación hoy, pero los esfuerzos se deben extender a muchas prácticas más que se absorben de manera pasiva por parte del sistema político provincial.
Eric Germán
DNI 29.837.624