domingo 14 de abril de 2024
Editorial

Lo último que se pierde

La actividad industrial tuvo en la Argentina, entre 2021 y 2022, un pronunciado incremento que empezó a disiparse el año pasado. Pero entre noviembre y la actualidad la caída es mucho más pronunciada como consecuencia de la recesión de la economía argentina.

La industria textil es muy maleable al ritmo de las tendencias. Cuando la industria empieza a crecer, el sector textil muestra su dinamismo. Pero cuando empieza a decaer, es tal vez el primero en empezar a tener problemas. Catamarca, en donde hay una importante presencia de empresas de la industria textil, conoce de estos altibajos.

El ciclo de subas y bajas se puede apreciar con nitidez en la historia de la Argentina en las últimas décadas. Carlos Difort, dueño de la empresa Algoselan y presidente del Parque Industrial de Villa Flandria, en la provincia de Buenos Aires, hace un análisis muy gráfico de la crisis actual: Nosotros preveíamos que iba a pasar esto, porque ya lo hemos visto en los procesos de 2015, 2001 y 1976. La industria textil es la primera que cae. Pero la situación actual se caracteriza por su velocidad. En los otros procesos hubo más tiempo de desgaste. Esta vez el problema se está desatando con mucha rapidez sobre la cabeza de los trabajadores. Todo se relaciona con la baja en la producción. Realmente está pasando eso. Y en poco tiempo, además, vamos a tener el problema de las importaciones. Cuando eso ocurra directamente muere la industria textil. En estos procesos siempre muere la industria textil. En el mejor de los casos quedan las grandes empresas”.

El sector textil es mano de obra intensivo y predominan las empresas pymes. Quince mil empresas y talleres emplean a casi 400.000 personas. Esta combinación suele ser letal en épocas de crisis. Las pequeñas y medianas empresas tienen menos resto para aguantar y si caen, arrastran muchos empleos. Entre diciembre y fines de febrero ya cerraron 160 talleres textiles.

La caída del poder adquisitivo de los salarios ha provocado una disminución de las ventas. Esa es la primera amenaza. La segunda es el levantamiento de las restricciones a las importaciones de productos textiles, fabricados en otros países con salarios muy bajos. Marco Meloni, vicepresidente de Industriales Pymes Argentina reflexiona que “si se levanta el cepo para las importaciones, el drama será sideral”.

El sector todavía siente en carne propia las secuelas del programa económico de Mauricio Macri. Entre 2015 y 2019, según los datos del INDEC, se cerraron más de mil empresas textiles, lo que significó una pérdida de alrededor de 30.000 puestos de trabajo. Solo en Catamarca los empleos perdidos fueron aproximadamente 1.200. Cerraron empresas emblemáticas como Alpargatas y Tileye.

Las perspectivas no son buenas porque no se advierte que el gobierno nacional vaya a generar medidas de promoción de la actividad industrial. Habrá que aguardar si la tan esperada estabilidad macroeconómica llega y con ella una reactivación del sector. La esperanza es lo último que se pierde.

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