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Editorial

Lecciones de la pandemia

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27 de junio de 2022 - 01:00

La vida cotidiana de los argentinos y de la mayoría de los países del mundo transcurre ya prácticamente por los carriles de la normalidad. Si no fuese por el uso del barbijo -aunque no generalizado- daría la impresión de que la pandemia ha finalizado. Las estadísticas, sin embargo, dicen lo contrario. El promedio de casos diarios de Covid-19 en todo el mundo es de aproximadamente 660.000, un número de contagios similar al que existía, por ejemplo, en enero del año pasado, cuando los planes de vacunación recién arrancaban.

¿Por qué el coronavirus ha dejado de ser el tema central de nuestras vidas para convertirse en uno apenas tangencial cuando la cantidad de casos se mantiene en los niveles de momentos muy duros para la humanidad? La respuesta se encuentra también en las estadísticas. El número de muertos promedio por día (tomando bases semanales) en enero del año pasado alcanzaba casi los 15.000 (14.562 el 28 de enero). Hoy, con cantidad similar de casos, el número de fallecidos promedio por día es de 1.494. Es decir, la cantidad de muertos es apenas un 10 por ciento de la que se contabilizaba a principios de 2021.

La clave para explicar este descenso brusco de la tasa de letalidad del Covid-19 es la vacuna que, en sus distintas versiones, se ha mostrado muy eficaz para prevenir los casos graves de la enfermedad y, sobre todo, los fallecimientos.

Un estudio publicado el pasado viernes por la prestigiosa revista científica The Lancet asegura que las vacunas contra el coronavirus salvaron 20 millones de vidas entre diciembre de 2020, cuando comenzó el proceso de vacunación y, diciembre de 2021. La investigación no presenta datos de este año, en el que las muertes descendieron vertiginosamente aunque no los contagios. De modo que si el trabajo pudiese actualizarse, las vidas salvadas serían muchas más.

La desigual distribución de las vacunas en el mundo provocó un número mayor de muertes en los países más pobres. Si el reparto hubiese sido más equitativo, más vidas se hubiesen salvado. De hecho, el artículo de The Lancet pone de relieve que se salvaron más personas en naciones ricas que en las pobres: 12,2 millones de defunciones se evitaron en los territorios de renta alta y media-alta.

Las lecciones de la pandemia son claras y muy valiosas. Pese a los pronósticos agoreros y las campañas en contra basadas en informaciones falsas o distorsionadas, las vacunas son buenas y salvan vidas. Por tanto hay que confiar en la ciencia que hace aportes para el bien público. Es lo que sucedió con la investigación para el desarrollo de las vacunas, financiada básicamente por los Estados, aunque luego los intereses comerciales se apropiaron de los beneficios. Y la otra lección es que la desigualdad causa muertes, afirmación que sirve tanto para el análisis de las consecuencias del Covid-19 como para otros aspectos de la vida social y económica de las naciones del mundo.

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