El incremento exponencial de los casos de coronavirus en la Argentina permite avizorar el comienzo de lo que sería la tercera ola. Si había, hasta hace algunos días, dudas respecto de si el aumento de los contagios que se advierte desde octubre era parte de un rebrote momentáneo o la mentada tercera ola, esas dudas parecen haberse disipado en las últimas semanas, cuando el promedio de casos diarios pasó de 2.000 a fines de noviembre a los 5.500 de la actualidad, con picos de más de 11.000 como el registrado ayer.
Una combinación de factores impulsa el aumento de los casos. La apertura casi indiscriminada de todas las actividades públicas y privadas está teniendo su incidencia. Pero hay que sumarle también la circulación comunitaria de la variante Delta, que no tuvo tan grave impacto como en Europa y Estados Unidos, y de la Ómicron, que ha demostrado tener una capacidad de contagio muy superior a las cepas anteriores del virus.
La primera ola en Argentina se produjo aproximadamente entre junio y noviembre del año pasado, con picos de contagios, que no superaron los 20.000 por día, hacia fines de octubre. Afectó a una población con muchas restricciones de circulación, pero no vacunada. Llegó a tener más de 500 muertes diarias.
La segunda ola se extendió entre marzo y agosto de este año, con picos de casi 40.000 contagios diarios hacia fines de mayo y principios de junio. A fines de junio hubo jornadas con más de 700 muertos. Durante esta segunda ola, una parte importante de la población estaba sin vacunarse o solo con una dosis.
La tercera ola que parece haber comenzado puede que se asemeje, en cuanto a la cantidad de casos, a algunas de las olas anteriores, sobre todo si la Ómicron se convierte en la cepa dominante. La buena noticia es que el incremento de casos que se viene registrando desde hace dos meses la Argentina no tiene su correlato en el número de fallecimientos por la enfermedad. El número de fallecidos por día se mantiene en torno a los 20 desde entonces, aunque ha crecido la cantidad de camas ocupadas en terapia intensiva, pero no en un número muy preocupante: en octubre había poco menos de 600 camas ocupadas; actualmente poco más de 800. Para establecer una comparación que permita efectuar una mejor lectura de los datos, habrá que señalar que en junio superaban las 7.000.
La diferencia a favor de la actual situación sanitaria respecto de la que reinaba en las olas anteriores es que ya el 90% de los argentinos tiene al menos una dosis de la vacuna, y el 70% las dos dosis, mientras ya se avanza en la tercera dosis para mayores de 60 años.
En varios países europeos se están imponiendo nuevamente restricciones. En Argentina no, al menos mientras el número de muertos no se incremente en la misma proporción que los contagios. Restricciones estrictas serían letales para una economía golpeada que necesita recomponerse. De modo que la estrategia sigue siendo la responsabilidad individual, que se transforma en colectiva: vacunarse, usar barbijo en lugares cerrados y tomar las medidas preventivas de distanciamiento social.