jueves 26 de marzo de 2026
Unas reflexiones y una invitación

La música, el legado de mi padre y la cultura en Catamarca

Por Manuel Fontenla

El próximo fin de semana, viernes 28 y sábado 29, el Coro de Cámara Municipal realizará un Concierto Coral en conmemoración del Mes de la Música, dedicado a honrar al Maestro Jorge Gabriel Fontenla, creador y primer director del coro en 1999. Como sabrán, ese Jorge Gabriel es mi padre, y por tanto, además de agradecerle inmensamente por el homenaje a la querida Mtra. Marta Achá, actual directora, también quisiera compartirles unas reflexiones sobre su legado.

Sin duda el Homenaje me produce mucha alegría, por el reconocimiento a su trabajo, por la vigencia de su legado coral y por la infinidad de afectos que me han transmitido a su nombre, siempre y en cada ocasión. Pero también, mi ausencia y la imposibilidad de estar presente me llevaron a escribir estas palabras, no solo para invitarlos a acompañar al Coro, sino también, para compartirles una reflexión y un poco de la historia personal desde la cual hoy me pregunto, cuál ha sido el legado cultural (para la sociedad) y existencial (para mi) de mi padre.

El arte y la disciplina

En nuestra sociedad existen algunas ideas asociadas al mundo de la cultura y el arte que se construyen desde un prejuicio un poco ingenuo y romántico. Ideas que asocian la cultura y el arte al mundo de la bohemia, las musas inspiradoras, la pasión y la genialidad. Sin duda, algo de todas ellas estan ligadas al arte. Pero cuando tengo que pensar en mi historia personal, en mi historia como hijo de un director de orquesta y pianista, el panorama se aleja mucho de esas ideas.

En su lugar, aparecen recuerdos muy pero muy precisos que van hacia otros lugares. Una imagen de mi infancia, imborrable, es la de mi viejo con sus auriculares y su discman, sentado en la mesa frente a unas partituras, pasando horas y horas de estudio.

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Mi viejo estudiando en unas vacaciones, en enero de 1991. Al lado de él, mi prima Malena.

Mi viejo estudiando en unas vacaciones, en enero de 1991. Al lado de él, mi prima Malena.

Mi viejo, tenía la costumbre de levantarse muy temprano, cerca de las 5.30, y aprovechar esas horas previas al comienzo del dia, para poder estudiar con tranquilidad. Durante toda su vida mantuvo esa rutina. Recuerdo específicamente, un breve tiempo durante unas semanas, donde me toco convivir con él en Buenos Aires. Yo dormía en el living de su departamento, donde él todas las mañanas tocaba el piano. Para no molestarme, tocaba con unos grandes y negros auriculares puestos, pero sin embargo yo me despertaba con el sonido seco del golpe de las teclas. Despues de unos dias, le dije que tocara sin los auriculares, preferia despertarme escuchando el piano. Recuerdo con enorme felicidad, esas semanas de despertarme en el living de mi viejo, con un concierto de piano en vivo todas las mañanas.

Y tambien recuerdo que esa manera de estudiar, esa pasión y ese compromiso, tenía una disciplina muy estricta. Una disciplina que fue parte de las contradicciones existenciales de mi viejo y mi abuelo. Mi abuelo, tambien director de orquesta, tenia una visión del estudio de la música clásica, y más aún, de los interpretes de instrumentos, muy tajante. Tan tajante, que para mi abuelo, mi padre nunca tendría que haber estudiado música, porque "habia comenzado muy tarde". Efectivamente, mi viejo, habia hecho la carrera de medicina hasta el 3er año, y recien ahí, pudo, o se animó, o decidió, dejar esa carrera, y dedicarse de lleno a la música y la dirección orquestal. Para mi abuelo, por el contrario, los buenos interpretes "nacían con el instrumento". Esa no solo era su concepción de la música, sino su propia experiencia. A los 17 años, mi abuelo, ya era un pianista deslumbrante y su carrera fue la típica carrera de un prodigio hasta culminar con el galardonado Premio Konex en 1999.

A ese contra luz, efectivamente mi padre habia comenzado tarde. Sin embargo, y tal vez justamente por eso, su disciplina fue aun mayor. La disciplina no es una forma de obediencia, de respeto a las normas o las reglas. Incluso, hoy en dia se asocia a ciertas formas de restricción, con alguna carga peyorativa. Nada de eso. Tener disciplina es saber que el esfuerzo no tiene un límite. Que siempre se puede un poco más, un rato más, un tiempo más. Tener disciplina es comprender, en ese momento en que uno esta cansado, aburrido, hastiado; en ese momento en que hay que ocuparse de mil cosas, que la vida agobia y aprieta, que las condiciones no estan dadas, que el trabajo, los hijos, las responsabilidades, etc… que, en ese momento, hay que poder un poquito más. Insistir en lo valioso del tiempo dedicado a eso que se esta estudiando, a esa obra que se esta produciendo. El talento y la disciplina no se oponen. Muy por el contrario, es la disciplina la que empuja hacia el talento. Ese dia que uno se despierta sin nada de ganas, harto y cansado, ese dia, uno tambien se sienta a trabajar y estudiar.

Pienso (compartan tal vez o no) en los trabajadores del arte que conozco, en Ricardo Bujaldon, en Marite Pompei, en Juan Martin Angera, en Olguita Dre, en Celina Galera, en Cesar Augusto Vera Ance, y su monumental obra hecha a base de horas y horas matutinas de escritura, todos los dias. Pienso en sus maneras de trabajar y estudiar, en su dedicación hiper-detallista, en su excelencia y vocación, todo eso es la disciplina.

Y pienso, o me gustaría pensar, que eso es parte de mi legado existencial. Un legado que yo mismo llevo grabado a fuego por parte de mi padre y tambien mi madre. Porque si hay una frase, que adoraba mi madre y repetía al cansancio, es una heredada de su padre, mi abuelo Filemón Ruzo, que rezaba "No has hecho mas que cumplir con tu deber". Cada vez que yo llegaba muy feliz a mi casa, por ejemplo, con una buena nota en un examen, un 9 o un 10, luego de las felicitaciones y las sonrisas, venia la frase, celebre y sentenciosa, "No has hecho más que cumplir con tu deber", como para que uno no creyera, que esa nota "era suficiente". Uno solo habia cumplido con su deber, todavia, habia que seguir estudiando más.

Para mí, ese es un legado que me llevó y lleva a lugares impensados. Y me gustaría creer que esa impronta tambien está en las personas que compartieron enseñanzas, músicas, partituras, cantos y trabajo con mi padre.

El arte y lo social

La música clásica, siguiendo de nuevo los imaginarios sociales, es sin duda, una de las artes más aristocráticas. La música clásica se asocia a la "alta cultura" y a un consumo elitista. Dicho de otra manera, la música clásica, no es una música para grandes públicos. Sin embargo, cuando veo la trayectoria de mi viejo como director de orquesta encuentro algo muy diferente. Pienso por ejemplo en su época de director de la Orquesta de Avellaneda y en conciertos increíbles como el que dio en provincia de Buenos Aires en Florencio Varela, en 2013. Una noche "fuera de serie". No solo fue un concierto de música clásica, con músicos del Colon, sino más aun, fue una Opera: la famosa "Carmen" de Bizet. El concierto se dio en el marco en una jornada cultural en el Hospital de Alta Complejidad "El Cruce", donde mi viejo dirigió a la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón, acompañados por el Coro estable del Nosocomio. Un escenario enorme, montado en el estacionamiento del Hospital con más de 500 sillas de plástico negras, todas y cada una ocupadas. Personas sentadas en los costados, sobre las pequeñas paredes de cemento que delimitan el hospital. Cuantos vecinas y vecinas habrán visto esa noche por primera vez a los músicos del Teatro Colon interpretando esa maravillosa música. Pienso tambien, en los conciertos a teatro lleno realizados en Avellaneda donde interpretaba su amada y adorada "West Side Story" (Amor sin barreras), el musical de Leonard Bernstein. O incluso en sus viajes a Catriel (Rio Negro) donde fundo una escuela de música en la cual trabajo largos años.

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Mi viejo pegando un afiche que anunciaba la Misa Criolla en Catamarca.

Mi viejo pegando un afiche que anunciaba la Misa Criolla en Catamarca.

Pienso en como ese tipo de vinculo con el arte, con la sociedad y con el trabajo a impactado en mi vida. Pienso en cuando hizo las gestiones, allá en sus primeros años de trabajo en 1993, para recibir a la Orquesta Juvenil de Lyon (Francia) en Catamarca. Una orquesta francesa en Catamarca, intercambiando, aprendiendo, enseñando. Hace una semana, tuve la suerte de hacer una presentación por primera vez, para una de las más prestigiosas universidades de estudios sociales de Francia tambien: la Universidad Paris 8. Mi presentación, que duró una hora y quince minutos fue muy elogiada por los colegas de Brasil y Francia que participaban en el encuentro. Elogios, felicitaciones y un reconocimiento sincero por la articulación (para nada frecuente) entre el trabajo intelectual y el compromiso social. Y mencione un segundo atrás el "prestigio" internacional de esa universidad, no para vanagloriarme en el síntoma cipayo de la adoración a lo de afuera, sino para usarlo de contrapunto con esto que voy a decir a continuación. Para esa conferencia, usé el mismo trabajo y puse el mismo entusiasmo, emoción y dedicación que le pongo a los talleres que doy en Antofagasta, el Peñon, Tinogasta o Fiambala. La única diferencia, es que en estos últimos lugares, siempre obtengo el elogio de los oyentes y el desprecio de "los colegas", la universidad y cuanto funcionario de educación haya autorizado el taller de mala gana y a fuerza de mi insistencia.

Traigo este contrapunto porque se suele pensar que el arte es un fin en sí mismo. El arte por amor al arte. Lo que acabo de escribir es exactamente lo contrario: el arte como un fin para otros. El arte con un destino social. En estas dos postales, la de mi viejo dando sus conciertos en Florencio Varela y la de mis talleres en el interior, encuentro un legado compartido ya sea que él estuviese frente a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Lyon o a sus queridos estudiantes de dirección orquestal de la provincia de Tucuman, Córdoba, Catamarca o Rio Negro: la dedicación, el desempeño, el compromiso, eran siempre con la más alta vara y de la mayor calidad. Y pienso que eso no solo pone a la cultura en el mejor de los lugares, sino que construye algo mucho más valioso: los vínculos con la sociedad de la cual uno es parte. Y esto me lleva a un ultimo punto.

III. La música y los cerros

Tal vez muchos no sepan que el vínculo de mi viejo con Catamarca no comenzó como director del Coro en la década del 90 si no mucho antes, cuando de chico y adolescente mi viejo pasaba los veranos en Miraflores, en la casa de sus tíos y tías. Mi viejo nos recordaba una y mil veces esos veranos de su infancia y adolescencia entre Miraflores, El Rodeo y Las Juntas. Mi infancia, al igual que la suya, tambien estuvo marcada por esos paisajes y cerros. Tengo incontables fotos caminando con apenas unos años por el Jumeal, Balcozna, el rio El Tala, Las Juntas y el Rodeo. Lugares a los que mi viejo adoraba llevarnos de paseo.

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Con mi viejo en el rio, en el Rodeo.

Con mi viejo en el rio, en el Rodeo.

Y para que se entienda ese vínculo, quisiera compartirles algo desde mi más profunda intimidad. Mi padre fallecio luego de casi 4 años de una larguísima internación domiciliaria. Una enfermedad que inicio en 2021 cuando lo ataco el covid-19, como a tantos otros. Luego de dos semanas en terapia intensiva con una afección pulmonar de la cual safo de milagro, nunca pudo recuperarse por completo, fue lentamente empeorando, tanto a nivel físico como psicológico y neurológico. En los últimos tiempos, donde ya casi no hablaba, ni interactuaba mucho, habia algunas pocas cosas que lo "hacían despertar". Es decir, que lo traían al presente, momentos en los que habria los ojos y conectaba. Y esos momentos se daban siempre cuando yo le hablaba de Catamarca. Cuando le contaba mis salidas a escalar en las Juntas, cuando le contaba de las noches frescas de El Rodeo, y de mi casa en Miraflores. Esos paisajes lo traían siempre de vuelta a la vida, en el mas literal y vital de los sentidos.

Me gustaría entonces, para finalizar, creer que este Homenaje es tanto más por el vínculo de mi papa con Catamarca, por las amistades y afectos que construyo, por su tarea de enseñanza y difusión de la música, el canto y la dirección, que por su muerte. Un homenaje no tanto a su legado "profesional", sino a su vínculo con la música y los cerros. Porque elijo, a fin de cuentas, quedarme con ese legado, el amor por la música y por el pueblo, por Tchaikovski y Mahler, como por Bernal y Catamarca. Una vida hermosa, entre músicas, cerros y legados compartidos.

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