Señor Director:
Señor Director:
Contemplando el actual panorama sobre las discusiones planteadas de las tarifas eléctricas, en que vemos a nuestros gobernantes discutir como chicos caprichosos, a nosotros, como espectadores de un espectáculo que no tiene ni ton, ni son para los que no quieren ver, esperando algún milagro que obligue a ellos a tomar las medidas necesarias para empezar a ordenar este desbarajuste en que está inmerso nuestro país, sin ninguna salida. Por ahora, el comienzo de la salida es fácil de encontrar, pero difícil de implementar y es doloroso en muchos aspectos; por ese motivo es que ni el gobierno ni la oposición se atreven a revelar qué deben hacer para empezar a caminar un sendero de progreso. Si no lo hacen, lamentablemente, la experiencia lo enseña, habrá un reacomodamiento de las variables económicas, todo esto para no poner la palabra maldita: ajuste, que llegará aunque no se quiera.
Por ejemplo, el Gobierno provincial anunció que ayudará con 1.000 millones de pesos a las empresas de transporte de pasajeros. ¿Por qué no aumentan las tarifas? No importa los considerandos de la medida, Ia pregunta es: ¿Cuánto se aumentaron los sueldos desde el congelamiento de las tarifas, 40, 50, 100, 20, por ciento?, y ¿Por qué no se aumentan estas? Para hacer creer que conforman al usuario. Craso error.
Le informo a mi estimado lector, todos sabemos, trayendo a colación un viejo dicho, que todo bicho que camina va a parar al asador, en este caso, todo billete que se emite, alimenta la inflación. Corolario: lo que no se paga en las tarifas, lo sufrimos en los permanentes aumentos de precios en los millones de productos que se fabrican y no hay miras que vaya a empezar a bajar la inflación. Lo grave es que nunca, en los últimos 70 años, nadie hizo nada para arreglar este desbarajuste. Un ejemplo de todo lo pasamos: quien esto escribe, cuando era niño, 8, 9 años, solía ir a la matiné los domingos a la siesta, en los cines Ideal y Odeón, calles Rivadavia y Esquiú. Respectivamente, mi padre me daba 50 centavos para la entrada y la bolita, la gaseosa que en ese momento se producía y consumía en Catamarca; saquen la cuenta cuánto vale hoy esa misma entrada y cualquier gaseosa.
Podría citar más ejemplos en el mismo sentido, pero dejémoslo ahí. La realidad que vivimos es más que suficiente.
Sin más, saludo al Sr. Director atentamente.
Yane Wainstein
D.N.16.950.714