domingo 14 de abril de 2024
Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Insomnio

Rodrigo L. Ovejero

Hace mucho, mucho tiempo, en este mismo planeta, un hombre de las cavernas perdió el sueño por primera vez mirando las estrellas. Desde entonces hemos avanzado como especie y hemos desarrollado formas cada vez más intrincadas de perder el sueño. De hecho, al ser una actividad tan popular hubo que ponerle un nombre, y así nació el insomnio, la dificultad o incapacidad de dormir.

La pérdida de sueño puede deberse a varios motivos. Tengo entendido que a medida que va cumpliendo años nuestro cuerpo deja de producir una sustancia necesaria para el sueño (disculpe el lector la imprecisión, esta no es una columna científica) y eso provoca que nuestro tiempo de sueño disminuya. Por eso, a medida que uno va creciendo deja de odiar al despertador y empieza a añorarlo. Hay una novela de Stephen King llamada Insomnia –debe haberla escrito en su período más alcohólico, no es de lo mejor que hizo- en la cual un anciano alcanza un umbral de consciencia diferente como producto de la pérdida de sueño y adquiere la capacidad de observar seres y energías invisibles para el resto.

El insomnio suele ser combatido con remedios de toda clase. Uno de los más populares consiste en el ejercicio mental de contar ovejas saltando una cerca. La clave de esta actividad para conciliar el sueño es la monotonía, sus elementos pueden ser intercambiados si se respeta el ritmo y la repetición. Por ejemplo, se pueden contar perros saltando tapias e incluso añadir elementos fantásticos como dragones quemando aldeas u orcos saltando los muros de Minas Tirith, y el efecto seguirá produciéndose si cuidamos de mantener la cadencia y la reiteración. Algunas personas, por otra parte, tienen un carácter tan competitivo que cada noche tratan de superarse contando más y más ovejas hasta que un día las sorprende la mañana cuando van alrededor de siete mil animales. Por cierto, una de las novelas más fascinantes de Phillip K. Dick -¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?-toma la inspiración de su título de este ejercicio.

En un cuento de J.G. Ballard de cuyo título no quiero acordarme, se experimentaba con la privación del sueño, gracias al descubrimiento de químicos que lo anulaban en absoluto. Por supuesto que las cosas se empezaban a torcer. Porque los humanos necesitamos dormir, no creo que eso pueda ser reemplazado en el futuro con avances tecnológicos. Me aterra pensar que un día un amigo me diga que se va a tomar una siesta y literalmente se tome una pastilla llamada Siestol 2000 –o mejor dicho media pastilla, porque no está tan cansado- y luego siga conversando conmigo como si nada, con el aplomo y la seguridad que solo una siesta de media hora puede conferirnos. Pero es probable que llegue el día en que podamos organizar nuestro sueño a voluntad, apagarnos y encendernos utilizando un interruptor. Nunca más perder el sueño por amor, temor o angustia. Y espero que cuando eso ocurra algunos elijan seguir contando ovejas.

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